
LUIS ANTONIO SIERRA | Hace unos meses surgió un conflicto en un centro educativo de Parla (Madrid) relacionado con el uso del hiyab por parte de las alumnas de dicho centro. Las normas de ese instituto público, democráticamente establecidas a través de su Consejo Escolar y cumpliendo con la naturaleza laica y aconfesional de la Constitución española, prohíben cubrirse la cabeza ya sea con gorras, sombreros, pañuelos, tocas, cofias, hiyabs, etc. En este caso, las alumnas musulmanas denunciaban que se les estaba privando de su libertad de expresión, argumento que podría ser loable si no fuera por lo que representa precisamente esa prenda – igual que, por ejemplo, el de la cofia de las monjas – y que no es otro que el de la doble discriminación por ser mujer: una por encontrarse sometida al patriarcado y otra por las implicaciones de sumisión a la religión islámica que lleva aparejadas. Lo peor del caso es que organizaciones supuestamente pertenecientes a la izquierda ideológica de este país, léase el Sindicato de Estudiantes, se alinearon con la protesta de estas alumnas – incitadas, todo sea dicho de paso, por el imán de la mezquita de la ciudad – y convocaron una manifestación en pro de esa supuesta libertad de expresión. Todo un “cacao maravillao” ideológico del que esperamos que salgan pronto y que sirvió, de camino, para que la extrema derecha asomara la patita por allí con sus típicos exabruptos xenófobos.
Todo lo dicho viene al caso del libro que nos ocupa, Huríes, de Kamel Daoud, muy merecido premio Goncourt 2024. Esta novela tiene como figura central a Aube, una joven marcada por la guerra civil que desangró Argelia durante la década de los años 90 del siglo pasado y que se saldó con más de 200.000 muertos. Aube fue testigo de las masacres de los islamistas contra la población civil y fue, asimismo, milagrosamente superviviente del asesinato cometido por estos contra su familia, aunque lógicamente no se libraría de unas tremendas secuelas tanto físicas como psicológicas. Con su vuelta, veinte años después, al lugar donde se cometió la masacre Aube pretende cerrar un capítulo vital tanto sobre ese pasado como de su presente.
Antes de llegar a ese punto, hemos visto en la novela que el fanatismo religioso en la Argelia de hoy día se extiende tanto por el mundo rural – tradicionalmente más conservador – como en el urbano, a pesar de que en este último a los islamistas radicales no les quede otra que convivir con estilos de vida más abiertos y progresistas, si bien la violencia contra quienes están alejados de su fanatismo religioso se ejerce igualmente en ambos mundos. Aube y su peluquería son buena prueba de esto. Pero, desde luego, lo que más disgusta a esos integristas religiosos es que lo que ellos interpretan como desafíos a su pretendida hegemonía ideológica provengan precisamente de mujeres como Aube. Eso es una declaración de guerra en toda regla al orden religioso que, al mismo tiempo, hunde sus raíces en una ideología patriarcal de lo más rancia – en el supuesto de que existiera un patriarcado no rancio. De esta manera, la mujer es doblemente victimizada: por un lado, por los guardianes más integristas de la religión islámica y, por otro, por un patriarcado hegemónico en estas latitudes del que es tremendamente difícil salir.
No es casualidad que Kamel Daoud haya escrito esta novela, ya que su posicionamiento como periodista y novelista tremendamente crítico con el fanatismo religioso que impera en Argelia le ha valido una fatua y el exilio en Francia obligado por “la fuerza de las cosas”, como el propio autor ha declarado en alguna ocasión. No solo Daoud merece nuestro respeto como novelista por la calidad de obras como Huríes, sino también como auténtico activista por las libertades civiles en un país que va a rebufo de esta ola neoconservadora que azota nuestro planeta y que, dependiendo de las latitudes, encuentra su expresión a través de figuras como Trump, Milei, Meloni y compañía, o en otros lugares con la radicalización a través de distintas confesiones religiosas, ya sea el islam o las iglesias evangélicas que tanto daño están haciendo en Sudamérica e incluso en España.
Ojalá las alumnas de ese instituto de Parla lleguen a entender que el verdadero ejercicio de su libertad de expresión no es precisamente ponerse un hiyab, sino desligarse, como Aube, de los condicionantes religioso-patriarcales en los que se encuentran sumidas. Y la lectura de libros como este les vendría muy bien.
Huríes (Cabaret Voltaire, 2025) | Kamel Daoud | Traducción de Lydia Vázquez Jiménez | 512 páginas | 24,95 euros.