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Literatura de la pelota

JOSÉ MANUEL GARCÍA GIL | Con ese título, Literatura de la pelota, escribió el argentino Roberto Jorge Santoro la primera gran antología de textos sobre fútbol en Argentina. Integró, en 1971, en aquella mítica y notable selección, a escritores de la talla de Quiroga, González Tuñón, Martínez Estrada, Murena, Marechal o Sábato. No había incluido Santoro la tripleta formada por Juan Sasturain, Osvaldo Soriano y Roberto Fontanarrosa, quienes, pocos años después, serían considerados los máximos exponentes de cualquier propuesta que pretendiese reunir a autores argentinos cuya ficción estuviese adueñada en buena parte por esa pasión futbolera que profesaban.

A todos ellos debería, por derecho propio, sumarse ahora el también argentino Eduardo Berti (Buenos Aires, 1964) con su reciente novela La estrella y la memoria. La estrella es aquí una figura legendaria, el futbolista Eliseo Alegre, y la memoria, la que van construyendo los distintos personajes que Berti hace desfilar por estas páginas, las historias contadas, según la vivieron, por sus amigos de la infancia, su hermana, su primera novia, sus compañeros de equipo, los exjugadores contrarios, periodistas y vecinos o el autor de la única biografía sobre él, entre otros. Pero ese tiempo es un tiempo corto y ese espacio no tiene la dimensión trascendente que se espera de un futbolista de leyenda, sino que su carrera acaba lastimosamente pronto y, al final, queda circunscrita a esos recuerdos atesorados por quienes lo conocieron y vieron jugar —no hubo de él filmaciones ni estadísticas— en un pueblo pequeño y olvidado, Los Pozos, de la Patagonia argentina. Sin embargo, de la mano de la literatura de Eduardo Berti el relato ficcional de las desacostumbradas habilidades con la pelota de Eliseo Alegre, tan encapsuladas en un radio de acción tan pequeño, se vuelven universales para los lectores de este libro.

La vida futbolística de Eliseo tiene una particularidad importante: no siente la menor atracción por el fútbol, pero atesora un talento descomunal para ese deporte que no le interesa. De niño, no quería jugar, alegando una enfermedad que le prohibía hacer esfuerzos físicos. Por eso, cuando al fin comienza casualmente a hacerlo, la gente cree que algo imposible está sucediendo. Dicen los que lo vieron que su zurda (como la de otros elegidos del balompié, como Maradona o Messi) no tuvo igual. Que reinventó el equilibrio entre el pie izquierdo, el hábil, y el derecho, el de apoyo: “Esto era lo más genial: con un solo movimiento ocurrían mil cosas (…) Parecía reinventar la ley de gravedad”. Cierto, la excelencia es rara y gozar de ella, sin vocación alguna, es un fastidio, pero será esa disposición innata la que, por necesidad, lo salve a él y a su familia del rechazo de la comunidad de Los Pozos, a la que llegan desde Mendoza; de las resistencias y los prejuicios hacia su madre, soltera y migrante; de las burlas hacia él y sus rarezas en la escuela: “Desde que era el mejor, ya nadie lo trataba mal”. El fútbol será su tabla de salvación y sin ese regalo salvador (y protector) Eliseo Alegre sería una sombra de sí mismo.

Berti presenta su convincente retrato de Eliseo Alegre como el guion de un documental que sobre su figura va rodándose a través de cada una de las breves intervenciones (la novela está salpicada —con otra tipografía— de indicaciones y sugerencias de imágenes, fotos, supresiones con el fin de mejorar la supuesta filmación) de esos testigos, amigos y compañeros que lo conocieron o jugaron con él. Con cada entrevista el relato biográfico irá construyéndose subjetivamente, desde la infancia de un niño reservado, misterioso y vulnerable hasta su muerte “triste, solitaria y final”. En cada episodio los testigos ofrecerán perspectivas diferentes sobre un mismo hecho y Eliseo hablará por boca de todas ellos quienes, fragmentariamente, irán conformando un retrato agridulce y coral que nos permitirá visualizarlo no solo físicamente, como un ser débil y poco atlético (“veloz, preciso, imprevisible”, cuando jugaba al fútbol) sino también como una persona con poco empuje, melancólica y delicada.

Borges se despachó refiriéndose al deporte rey: «Es feo estéticamente. Once jugadores contra once, corriendo atrás de un balón no son especialmente hermosos». A ese reacio sentimiento se opone el cantautor Chico Buarque (Eduardo Berti lo pone de pórtico), quien dice que un hombre tocando el cielo puede definirse con una sola palabra: “Fútbol”. Y, sin embargo, parece que Eliseo Alegre, el mejor futbolista del mundo para sus convecinos, no dio con ese paraíso al que pudo acceder y que acabó rechazando. No le llegó el éxito profesional y cuando pudo alcanzarlo, ese don salvador y protector con el que creció se dio de bruces con el profundo desencanto de sus ilusiones perdidas.

Con estos mimbres, Berti se asoma a la ficción futbolística en su variante melancólica y evocativa. Reinventa la vida de Alegre frente a la encrucijada de la gloria o el fracaso, del triunfo o el olvido. La épica y el humor son en esa reinvención dos constantes de las que el escritor argentino dispone para, sobre la pantalla del papel, mostrarnos todos los entresijos del fútbol: la rivalidad, el fanatismo, las estrategias, la violencia, los líos mercantiles, la idolatría o la mismísima santificación. Los Pozos se llena de Eliseos bautizados en homenaje al héroe y el pie de una estatua de la iglesia, un santo de escaso parecido con Alegre, va cambiando de color a medida que los feligreses fanáticos se acercan a besarlo. No obstante, de este documental biográfico no es esto lo más importante, contar la historia de Eliseo Alegre, un futbolista llamado a ser el mejor de todo los tiempos, sino que la clave está en tomar el fútbol como espejo de la vida, de su persona y de la de su familia, salvada de la pobreza y de la exclusión gracias a esa habilidad no consciente con la pelota.

Ya en su novela Faster (2019), Eduardo Berti hace de la memoria y de otra estrella, una estrella real, el gran mito argentino de la Fórmula 1, Juan Manuel Fangio, una desenfadada crónica personal, una genial autobiografía fragmentaria en la que los recuerdos se colocan en el centro de la diana. Un minucioso ejercicio de memoria que lo lleva a hablar sobre la velocidad de las carreras y de la vida, sobre la amistad y la idolatría, además de retratar con emoción aquel momento en el que elegimos un destino que no es exactamente el mismo que habíamos previsto o deseado. Elementos muchos de ellos que vuelven a aparecer en La estrella y la memoria con una tristura especial.

Dos hechos marcan la caída de Eliseo Alegre: la figura del padre (su tío) que no tuvo (su madre huye de su hermano violador a Los Pozos con sus hijos) y el encuentro con él (sintió ganas de matarlo) en Mendoza y, en segundo lugar, su venta a un equipo grande en el que nunca llegará a debutar y demostrar las genialidades desplegadas en el humilde Atlético Los Pozos. Quizás porque fue la oportunidad de un deseo siempre incumplido, abandonar el fútbol; quizás por una limitación física, dicen que provocada por él mismo; quizás por el miedo a fracasar.

Todo junto lo devuelve, con el corazón cansado y vacío, al pueblo que lo mitificó. A la “casa gris” donde, decían, había ocurrido un crimen, a los amigos de la infancia. Pero el regreso, tras unos años de trabajos poco claros y documentados en Buenos Aires (“está llena de agujeros”), es también el regreso para morir, mientras se está jugando la final de Mundial de 1986 entre Argentina y Alemania, solo y alejado de esa pasión —salvadora y protectora a un tiempo— que otros forjaron en lo que Eliseo sin querer hizo durante “aquellos días de oro”, repletos de éxitos y goles inverosímiles.

“No hay nada más lindo que tener historias para contar. Y Eliseo fue quien nos llenó de historias” dice uno de los personajes de la novela. Si acaso es cierto, como afirma Alejandro Dolina, que en un partido de fútbol caben infinidad de novelescos episodios como estos que los personajes de Berti nos narran, el encuentro entre fútbol y ficción en La estrella y la memoria acaba en un empate maravilloso entre la felicidad que Eliseo Alegre proporcionó a muchos y la que él no pudo o no supo disfrutar por sí mismo.

La estrella y la memoria (Impedimenta, 2025) | Eduardo Berti |168 páginas | 21,50 euros.

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