
EDUARDO CRUZ ACILLONA | Cuánto se habla de la movida madrileña. Cuánto se presume de la revolución cultural de los años ochenta. Cuánto se repite el “yo estuve allí y me lo tuve que pasar genial porque no me acuerdo de casi nada”…
Mientras tanto, en la memoria de algunos, prevalece el Torremolinos de los años sesenta, el Pasaje Begoña, la verdadera y primera movida, la auténtica y pionera libertad. Allí recala Maite, protagonista de la novela Aquellas noches eternas, escapando de una asfixiante realidad en su Oviedo natal, como si una Ana Ozores del siglo XX huyera de su particular regente de la Audiencia y se refugiara en la otra punta del mapa patrio en busca de una nueva oportunidad. En Torremolinos vivirá una experiencia opuesta totalmente a su anterior vida, pasando del blanco y negro al glamuroso tecnicolor de las estrellas mediáticas del momento. Si, parafraseando a Borges, “la lluvia es una cosa que sucede en el pasado”, Maite ha cambiado el orbáyu por un presente soleado hasta en las noches de luna nueva. Y no tardará mucho tiempo en recalar en una Marbella en construcción, donde Puerto Banús era apenas un proyecto sobre plano y donde ella va a ser la única dueña de sí misma y de su destino.
Silvia Grijalba construye en Aquellas noches eternas un personaje potente, sólido, en continuo crecimiento tanto personal como profesional, tan creíble como apasionante. Un personaje de cuya mano vamos a vivir el surgimiento de un mundo de brillantina y oropel, de Dom Pérignon y madrugada, de entradas exclusivas y reservados a cal y canto, de relaciones abiertas y alcobas cerradas. Y lo vamos a vivir tanto desde el escaparate que nos mostraban las revistas del colorín colorado como, sobre todo, desde bastidores, desde la trastienda de los sueños, desde esos espacios a los que aquellas publicaciones no tenían acceso.
Con un lenguaje cercano y la vez exquisito, Silvia Grijalba nos atrapa lentamente, nos va haciendo partícipes de una vida tan cercana en lo geográfico como lejana en la realidad del día a día si la comparamos con la del común de los mortales, españolitos de a pie cuya única ventana al mundo era el Noticieros y Documentales, más conocido comúnmente como el NO-DO, y las ya mencionadas revistas, que maquillaban el gris de lo cotidiano con el rosa de las ilusiones.
Así, la novela trasciende de la mera ficción para convertirse en un retrato más que fehaciente de una época y un lugar que forma parte de nuestro pasado no tan lejano, donde personajes que salen de la imaginación de la autora se mezclan con otros de carne y hueso, de nombre común pero apellido ilustre como artistas, aristócratas, gobernadores civiles, especuladores, ricos herederos, bon vivants y todas las redundancias que se les puedan ocurrir. Una novela realista, perfectamente documentada y salpicada de giros en la trama que consiguen que uno no despegue los ojos de los párrafos y las páginas vayan pasando sin prisa pero sin pausa, como aquellas noches eternas de la costa malagueña.
Aquellas noches eternas (Ediciones B, 2025) | Silvia Grijalba | 400 págs. | 22,90€