
JOSÉ MARÍA FERNÁNDEZ VÁZQUEZ | Nerea Pallares (Lugo, 1989) con su obra Punto de araña (Libros del Asteroide, 2026) realiza un hermoso ejemplo de sororidad. Recordemos la definición de este término que propone la Real Academia como amistad y afecto entre mujeres y también solidaridad entre las mujeres en busca de su empoderamiento. A partir de la tradición gallega y su paisaje de Costa da Morte la novela engarza con la tradición universal y mítica procedente de la tradición grecolatina. Y Pallares con maestría en el uso del hilo narrativo lía, une y enreda la tradición de las parcas con las encajeras de Camariñas y sus ocultas damas arañas.
La trama se podría considerar que tiene un trazado simple en la ejecución de la historia que sin embargo entronca con los profundos misterios de la vida humana. La protagonista y narradora es Ari, técnica de museos que llega a Camariñas, un pueblo de raíces profundas y ancestrales de la Costa de la Muerte gallega, para encargarse del museo del encaje y ejercer como guía turística. A su faceta laboral, se le une el deseo de vivir en contacto con la libertad que representa el mar. En el momento de su llegada las mujeres de la localidad han tomado una decisión que está a punto de cambiarlo todo, de rebelarse contra los hombres dominadores. Esta revuelta está azuzada por la muerte de una niña que ha acompañado a su padre en una noche peligrosa por el estado del mar a sus negocios sucios con los narcotraficantes. Así exclama la madre: «Cuando te matan a una hija el dolor no cura». Así pues, las mujeres compañeras del dolor de la pérdida de los hijos y hartas del egoísmo de los hombres ausentes, dueños del dinero y de las decisiones, y de sostener la voz de todos sin tener una propia, deciden acabar con esta situación de una forma drástica y peligrosa: llamando a las arañas. Estas figuras mágicas son tres deidades dotadas de un poder y una sabiduría ancestrales que se relacionan con toda una mitología de moiras, parcas, normas, dueñas en la mitología clásica del destino. De esta manera, el protagonismo va pasando de la observadora Ari, hasta la madre de María para culminar en el grueso de las encajeras o palilleiras, mujeres que viven para los otros y junto a los encajes trabajan en la conservera, pero que también son rederas, mariscadoras que se juegan su vida ante las olas del mar igual que los varones. El valor simbólico reside en que el valor de destino o la presencia del destino se cambia o se transmuta desde la colectividad en este caso de mujeres enfurecidas contra un destino que siempre han aceptado y quieren revertir.
El libro tiene una profunda conexión entre lo mítico y lo cotidiano. Entre la vida anodina y sumisa de las mujeres de Camariñas y su comarca y la profunda conexión con las arañas, con las parcas, dueñas de la vida y de la muerte, controladoras de los hilos de la existencia humana. Así la vida se sostiene por el constante tejer de las mujeres. Las mujeres tejen la vida porque tejen los encajes, tejen las redes de pesca, tejen palabras e historias que las une y alienta en su vida diaria, tejen, tejen… ¿Y si dejaran de tejer? Ese es el dilema que plantea la novela de Pallares que se convierte en una lectura atrayente de principio a fin. Es la visión femenina de las obligaciones impuestas.
La fuerza simbólica del libro es muy importante, pues partiendo de una situación de sumisión femenina: las mujeres se reúnen a tejer, a realizar labores propias de mujeres; estas mismas mujeres deciden romper esos hilos. Empiezan a destejer lo hecho, pero no solo la labora, ni el encaje; se comienza a destejer lo vivido para buscar un horizonte nuevo. La novela tiene un carácter coral por este valor de la colectividad. La narradora Ari va perdiendo importancia a medida que se integra en lo unitario y lo unitario, lo coral es el modo de contar la historia. En muchas ocasiones, a lo largo del texto, es difícil señalar la voz que habla, pues son las mujeres, el coro de mujeres, las que cuentan la vida, su propia vida y la de los demás.
La naturaleza gallega también tiene una importancia fundamental en la obra al igual que el aspecto mágico, desconocido, sorprende de Galicia. En este sentido la novela se integra en esa literatura extraordinaria y fascinante de lo oculto gallego que escribieron Valle-Inclán, Fernández Flórez, Pardo Bazán y una larga nómina. La Costa da Morte representa, con su mar embravecido, el poder omnipresente y mítico de las viejas hilanderas míticas: «Porque una cosa era crecer escuchando historias de un poder antiguo que estaba detrás del viento batiente y de las aguas revueltas, de las Señoras de Costa da Morte que os habían traído el encaje y decidían cuando el mar escupía peces o cuando tragaba barcos y otra, otra muy distinta, era haberlas visto aparecer, imponentes, recubiertas con encaje negro, como quien lleva una tela donde antes tenía el pelaje, porque algo de arañas les había quedado en aquella forma que no era humana del todo, que era ajena y de otro mundo».
La Costa da Morte no es solo un marco referencial, sino elemento esencial de una novela que tiene espíritu marinero porque el mar como referencia de vida y muerte, como origen de lo desconocido, incluso de los encajes, está presente continuamente. Pero en esta novela se ve el mar desde las personas que se quedan en tierra: las mujeres.
El valor de la obra reside en su capacidad de aunar sin fisuras lo ancestral y lo moderno. Así la precariedad laboral de los marineros gallegos que faenan con peces o con drogas para mantener a las familias, la violencia patriarcal y vicaria, la sororidad… está presente en el texto. La novela reinterpreta la huelga de Lisístrata en la Atenas de Aristófanes para trasladar al presente de la Costa da Morte el empoderamiento femenino para reivindicar unos derechos que se ha mantenido oculto, como las arañas, a lo largo de los siglos.
Punto de araña (Libros del Asteroide, 2026) | Nerea Pallares | 184 páginas | 18,95 euros