
ILYA U. TOPPER | Los ajetes se pavonean por el herbazal, los zorzales se exhiben, los árboles levantan la cabeza y la lluvia echa el cuerpo a tierra. La humareda echa a llorar; el mar tiene ojos índigo y se da puñetazos en la cara. La naturaleza está muy viva en los poemas de Nima Yushij.
Nima Yushij (Yush en las montañas de Mazandarán, Irán, 1897 – Shemiran, en las tierras altas de Teherán, 1960, nombre de pluma de Ali Esfandiari) es uno de los mayores poetas de Irán de la primera mitad del siglo XX, y «mayor» aquí no quiere decir necesariamente prolífico, ni tampoco necesariamente capaz de asombrarnos a los lectores de otro siglo con su creación. Quiere decir: fundamental en su época, cerrador de una etapa y abridor de otra, rompedor de esquemas, marcador de sendas, dejador de huellas.
Como tal es obligado conocer a Nima Yushij para saber de poesía persa (como ustedes imaginarán, yo tampoco lo conocía hasta hoy mismo, gracias a esta edición cuidada de Oriente y Mediterráneo, que, salvo intentos sueltos, es la primera en ofrecer en español una selección de su obra; tampoco hay gran cosa en otros idiomas europeos). Y por supuesto es obligado saber de poesía persa para entender Irán, el país donde la ciudadanía lee la poesía de Hafez como si fuese un libro sagrado para adivinar el futuro (lo cuenta Gonzalo Sánchez-Terán en el prólogo de este libro, pero yo mismo lo he visto hacer a amigas iraníes en Estambul). Y va sin decir que es necesario conocer Irán para entender el mundo, y más en los tiempos que corren.
A mí, con la distancia de casi un siglo, los versos de Nima Yushij sobre búhos, zorzales, árboles y polillas —son metáforas de todo lo humano, por supuesto— no me tocan de inmediato el alma, pero daría algo por ser capaz de leerlos en farsi. Estoy convencido de que en farsi sí que me tocarían. Y me explico: en todas las referencias sobre Yushij que leo, empezando por el prólogo de este libro, se subraya su capacidad de hallar nuevas formas de expresión poética, finiquitando el hasta entonces único modelo del cuarteto persa con la rima aaba —les sonará a ustedes de las rubaiyat de Hafez—, y creó versos con una fuerza rítmica y de rima distinta. Fuerza rítmica y rima. Esta era su aportación, su propuesta para un nuevo siglo, y es lo que animó a otras generaciones a seguir explorando formas.
Huelga decir —no debería holgar, pero en la tradición española huelga— que en esta traducción, firmada por Gonzalo Sánchez-Terán, no hay rima (ni tampoco la hay en la media docena de ejemplos de versos traducidos al inglés que puedo rastrear en internet). Sin embargo, un vistazo a la grafía persa de esta cuidada edición bilingüe suscita la sospecha, casi la seguridad, de que muchos versos —no todos, quizás dos de cada bloque— sí tienen rima en original y que esta rima es parte de la dicción del verso. Entendería seguramente mejor el grito de aquel barquero «¡Ojalá otra vez se me abriera un camino hacia el dominio del mar inmenso!» si encajara en consonancia con el precedente, como hace en farsi. No es lo mismo el clamor de Miguel Hernández, compañero del alma, compañero, si no le precediera, dos líneas más arriba un «te requiero», ni lucirían iguales las estelas en la mar de Antonio Machado si uno recorriera el camino en lugar de hacerlo al andar.
Para eso, desde luego, están las versiones bilingües: para que el lector que tenga cierto acceso al idioma original pueda imbuirse de la sonoridad del verso. Hay que admirar profundamente la editorial —como no, Ediciones del Oriente y del Mediterráneo— por el arrojo de hacerlo en farsi para el mercado español; pocos serán los lectores que puedan disfrutar ambas versiones, menos aún probablemente que en los igualmente hermosos libros bilingües de poesía árabe que publica la misma casa. Pero hay que ir abriendo camino. Como Yushij abrió senda a la poesía moderna en su idioma, alguien lo tiene que hacer con la inmensa riqueza poética de nuestros pueblos vecinos —sí, Irán es un pueblo vecino a España, lo ha sido desde hace milenios, vecino a todo lo mediterráneo, pero casi compañero de piso en la época de Al Andalus— que se agolpa en nuestras fronteras y solo entra a cuentaversos. En el caso de ¡Oíd, humanos!, acompañada de un precioso florilegio del cajón del poeta: originales, borradores, esbozos. No las leeremos, no, pero es poesía visual. Hojas que acompañan una flor de palabras.
La flor nos espera. Yo, en todo caso, ya he sacado de la estantería el manual de aprendizaje de farsi que un compañero me dejó en herencia cuando llegué a Estambul hace década y media, y él se iba. Con algo de disciplina, quizás en unos meses soy capaz de convertir en aún más viva, brotadora, cascadeña la naturaleza de Nima Yushij. Que siempre sería un gozo. Y más en los tiempos que corren.
¡Oíd, humanos! (Ediciones del Oriente y del Mediterráneo, 2026) | Nima Yushij | Traducción de Shirin Salehi, Saeideh Ghasemi y Gonzalo Sánchez-Terán | 132 págs. | 15 €