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O narramos o vivimos

ELENA MARQUÉS | Hay títulos que te recuerdan inevitablemente a otros, y en pocas ocasiones esas coincidencias son fruto de la casualidad. A veces la similitud responde a cuestiones de marketing, o a un juego irónico; pero normalmente conlleva algún tipo de diálogo con los clásicos o con autores de prestigio.

Cuando llegó a mis manos el libro de Miguel Pardeza Los últimos días de Alejandro Reig, pensé inmediatamente en El año de la muerte de Ricardo Reis, de José Saramago, no solo por adelantarnos el fallecimiento de su protagonista, sino por situarlo en un tiempo de tránsito marcado por la melancolía y la conciencia del desgaste vital. Recordé también otras novelas dentro de una tradición literaria que juega con la anticipación del desenlace, en la línea de Crónica de una muerte anunciada, donde el final no es un secreto, sino el punto de partida de la reflexión subsiguiente.

Pero, más allá de ese eco indudable, el nombre de Alejandro Reig, y a medida que me adentraba en el personaje aún más, también me recordó al Alejandro Sawa de Iluminaciones en la sombra, donde aparece la figura del escritor fracasado, marginal y crepuscular que inspiró en parte al Max Estrella de Ramón del Valle-Inclán; un modelo de autor que vive el deterioro vital y literario hasta el final, algo que también resuena en el Alejandro Reig de Pardeza, cuya novela confirma su evolución literaria hacia una narrativa cada vez más íntima y compleja.

Ambientada en la costa de Huelva, la historia sigue a un aspirante a escritor que busca orientación en Alejandro Reig, autor veterano retirado y desencantado. Lo que comienza como una pretendida relación de aprendizaje, a la que el mismo anciano se resiste por supuestas convicciones propias, deriva en una convivencia tensa, marcada por el conflicto generacional, la frustración, la mentira y, sobre todo, el cuestionamiento del sentido de la literatura.

Ese es precisamente uno de los mayores aciertos de la novela. Más allá de la trama, Pardeza construye una reflexión profunda sobre el fracaso, la vanidad y el paso del tiempo, especialmente en el ámbito creativo. La figura de Reig encarna al escritor de vuelta de todo que posiblemente no ha alcanzado las expectativas que él mismo se impuso, mientras que el narrador representa la incertidumbre de quien intenta su primera obra con la llama de los novatos. Este contraste genera un inevitable diálogo constante entre ilusión y desencanto.

El espacio narrativo, el entorno costero otoñal, casi desolado, de Islantilla, que en verano estalla de gente y ruido, no es solo un escenario, sino reflejo del estado emocional de los personajes. La atmósfera de soledad y decadencia refuerza el tono introspectivo de la novela y contribuye a esa sensación de agotamiento vital que atraviesa la historia.

En cuanto a los personajes, Pardeza evita idealizaciones. Tanto el maestro como el discípulo se muestran contradictorios. Son seres vivos, que se nos hacen en muchas ocasiones antipáticos, inconsistentes, pero de los que llegamos a compadecernos. Salvo de Frida, un «secundario» que amplía, junto con Tess (su polo opuesto), los matices emocionales y el retrato de las relaciones humanas, siempre frágiles y ambiguas. Ambas mujeres son mucho más resolutivas y seguras de sí mismas que la pareja protagonista. Y a ellos, con menos papel en el relato, se une el pescador Muriel, cuya historia daría para un film de género negro.

En cuanto al aspecto formal, la novela, contada en primera persona, destaca por un tono sobrio y a la vez elegante, especialmente en las descripciones de los fenómenos meteorológicos que, entre lluvias y niebla, acompañan los grises conflictos interiores de los personajes. Por otra parte, cabe destacar los diálogos, siempre naturales y en absoluto impostados, aunque casi nunca tratan temas banales. Eso hace que la obra pueda resultar exigente, pero precisamente ahí reside otro de sus valores: en la honestidad con la que retrata las contradicciones del mundo literario y de quienes lo habitan.

Los últimos días de Alejandro Reig es, pues, una novela lúcida y melancólica sobre la literatura y sus límites que plantea preguntas incómodas sobre el éxito, el fracaso y la necesidad o inutilidad de escribir; muy adecuada para quienes a veces, frente a la pantalla del ordenador y con una historia empezada, nos planteamos si seguir narrando o simplemente vivir.

Los últimos días de Alejandro Reig (Renacimiento, 2026) | Miguel Pardeza | 236 páginas | 18,90 euros

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