
JOSÉ MARÍA FERNÁNDEZ VÁZQUEZ | Tenemos que agradecer a Susana Martín Gijón el esfuerzo que realiza por ubicar sus novelas en la periferia de la Península Ibérica. En este caso la trama de la novela La Capitana acontece en Granada. Recalcamos este matiz porque se inserta en una corriente de la narrativa contemporánea donde lo novelesco, lo ficticio se ha ido desplazando desde los centros de poder editorial (Madrid y Barcelona) hacia el resto de los territorios peninsulares. En el caso de Martín Gijón es en Extremadura y en Mérida especialmente o en Sevilla hasta ahora.
Susana Martín Gijón posee una trayectoria novelística importante iniciada con novelas como Más que cuerpos (2013), Desde la eternidad (2014), y Vino y pólvora (2016). Esta trilogía policiaca está interpretada por la agente Annika Kaunda de origen namibio y especializada en violencia de género. Sin embargo, el conocimiento general y el éxito literario le vendrá de la mano de otra oficial de policía Camino Vargas, jefa accidental del Grupo de Homicidios de Sevilla. Esta otra trilogía estará formada por las novelas Progenie (2020), Especie (2021) y Planeta (2022) y se van a publicar y difundir al amparo de la editorial Alfaguara en su colección Alfaguara Negra.
La saga protagonizada por Camino Vargas supone un salto de intensidad en relación con sus novelas anteriores. Los personajes están más cerrados, las tramas son más complejas, las ambientaciones resultan más creíbles. Son novelas que han ganado calidad en su elaboración global dentro del género negro. Y siguiendo una línea que empezó con el personaje de Annika Kaunda llegada la tercera novela decide suspender las narraciones protagonizadas por Camino Vargas, un personaje que estaba destinado a un largo recorrido y haberse convertido en uno de los grandes referentes de detectives novelescos españoles, si no lo es ya de hecho.
Martín Gijón da un salto al vacío y realiza un giro en su obra novelística con su novela La Babilonia, 1580 (2023). Sin abandonar el thriller policiaco se introduce también en la novela histórica, concretamente en la Sevilla de 1580. La mezcla de misterio e historia no es nueva y cualquier lector recuerda la obra casi iniciática del género, El nombre de la rosa del italiano Umberto Eco.
El problema de mezclar estas dos tendencias novelescas radica en los procesos constructivos diferentes que ambos géneros plantean. La trama negra debe dirigirse de manera fiable hacia un fin rotundo, que no implica necesariamente que sea un fin cerrado; pero desde luego no debe dejar lugar a dudas sobre su finalización que resulte creíble y sorprendente. Este final no debe ser trampeado con sobresaltos o apariciones fortuitas. El lector debe sentir que no ha sido engañado. El autor, y he ahí la dificultad del género, ha de urdir una trama que cause intriga hasta el final con las cartas puestas en la mesa. La novela histórica por su parte pretende una recreación novelística de la historia. La trama ficticia debe incardinarse en los hechos conocidos o reconocibles de la verdad de la historia. Cuando se pretende fundir estas dos realidades -verdad histórica y ficción criminal- hay que tener muy en cuenta el equilibrio de fuerzas constructivas porque decantarse por una de ellas puede llevar el fracaso a la otra parte e incluso hacer poco creíble la novela en su conjunto. La editorial Alfaguara edita La Capitana bajo el sello de la colección de Narrativa Hispánica y no Alfaguara Negra para contrarrestar posibles disonancias en la interpretación de la novela, aunque su portada evoca necesariamente más el crimen que la historia.
La Capitana es una novela que está muy escrita. El dominio lingüístico de la autora se demuestra en cada momento como se puede ver en el uso preciso de términos referidos a la cultura islámica o términos jurídicos y religiosos. Es también una novela cuya trama, aunque a veces pueda resultar prolija, atrapa por su interés. Sin embargo, un lector precavido siente que el peso de la trama policiaca se ve arrastrado por el interés del relato histórico, aunque la ficción gire en torno a unos crímenes producidos en el convento de las carmelitas descalzas en la Granada de finales del siglo XVI.
La trama histórica es confusa porque introduce elementos de muy diferentes procedencias. Así escribe sobre la comunidad morisca y levantisca de Granada a finales del mil quinientos o se introducen dos personajes históricos concretos como serán san Juan de la Cruz o sor Ana de Jesús, discípula y seguidora de la obra de santa Teresa de Jesús. En este caso, como en sus otras novelas el personaje de la mujer tiene especial relevancia en la trama y se presenta como una mujer inconformista, inquieta y valerosa. Este personaje real será conocido como la capitana dentro de la orden de las carmelitas descalzas.
Ambos personajes se convierten en detectives ocasionales para descubrir los crímenes en el convento femenino, mientras la autora nos narra al mismo tiempo las dificultades de la orden, la azarosa vida conventual de las mujeres en el siglo de oro, las costumbres de la alta sociedad granadina, el papel de la mujer en la época, la introducción del personaje de Juan Latino, la justicia del rey, la descripción de la ciudad o el viaje de san Juan hacia Lisboa. Toda esta sucesión de hechos que pretenden o son históricos refuerzan la verdad histórica de la novela sin ningún género de dudas y demuestran la profunda tarea de documentación de la novelista. Pero a veces no se comprende tanto como sucesión de acontecimientos que refuerzan la acción, sino como aluvión de aspectos a tratar dentro de la novela.
Por el contrario, la trama policiaca se resiente con una investigación que no es tal y que queda resuelta de un modo precipitado al final de la novela. Además, uno de los problemas detectivescos centrales de la trama que consistía en saber cómo entraban y salían del convento los monjes asesinados y sus asesinos se resuelve de una forma poco creíble a partir de las palabras de los propios personajes. La trama detectivesca queda resuelta de manera precipitada.
Susana Martín Gijón es una gran escritora y lo vuelve a mostrar en esta novela que habrá dejado más satisfechos a los lectores habituales de novela histórica pues nos trasladamos a través de sus palabras a la Granada de finales del XVI. Los lectores de novela negra habrán sentido que al crimen relatado le faltaba una intriga mejor construida como ocurría en el caso de sus detectives Annika Kaunda y Camino Vargas.
José María Fernández Vázquez es la firma invitada hoy en Estado Crítico.
La Capitana (Alfaguara, 2025) | Susana Martín Gijón | 436 páginas | 21,75 euros