0

Personas humanas

EDUARDO CRUZ ACILLONA | No es difícil imaginar a Felipe Benítez Reyes sentado en la terraza de un bar de su Rota (Cádiz) natal tomándose un café o un gin tonic, según la hora, contemplando el paisanaje que atraviesa su campo visual y visualizando sus respectivas vidas, caso de conocerlas, lo que en un pueblo no es tan complicado, o directamente inventándolas en función de la fisionomía de la persona en cuestión, su forma de caminar o de mirar. Con todo ese material, Benítez Reyes podría componer una novela contemporánea sobre el transcurrir de la vida en un pueblo cualquiera de nuestro país. Tarea demasiado sencilla para un autor como el que nos ocupa, y no carente de riesgos a cargo de algunos de los retratados que pudieran apelar al ajuste de cuentas al ver su privacidad mancillada en las páginas de un libro del que, a buen seguro, todo el pueblo estaría al tanto.

Pero lo que el autor quiere narrar, fundamentalmente, es la historia de su pueblo en el periodo comprendido entre, más o menos, 1920 y el ya bien entrado tiempo de la postguerra. Y para lavarse las manos, renuncia expresamente a ser el narrador de la novela, asignándole la labor a un personaje que, en el prólogo, confiesa su posición taxativamente en contra de las novelas que arrancan con el descubrimiento de un manuscrito oculto hasta entonces, un manuscrito que, curiosamente, él encuentra entre los papeles de su tío abuelo y que viene a ser un completo inventario de personajes y paisanos de aquella época.

Y a partir de este triple salto mortal literario, tan humorístico como original, que nos brinda Benítez Reyes, nos predisponemos a rodearnos de “un guiñol de vecinos peculiares, obediente cada cual (…) al dictamen de sus azares, tan insignificantes quizás como ellos mismos”, como afirma el prologuista, una afirmación con la que no podemos estar menos de acuerdo.

Porque lo que estos personajes nos van a descubrir, con sus virtudes, sus miserias, sus recuerdos y sus relaciones es esa parte de la historia de nuestro país que se escribe con minúscula y no sale en los libros de texto.

El autor pone toda su alma, su conocimiento y su imaginación al servicio de una nutrida galería de personas que nos conquistan, nos atrapan, nos emocionan, nos indignan y, sobre todo, nos hacen reflexionar sobre la condición humana empezando por nosotros mismos.

Cada perfil está trabajado con mano de orfebre y mirada de psicólogo social. Cada uno es una pieza fundamental de un engranaje que funciona como disparador de sucesos y emociones, y es el lector quien, sin darse apenas cuenta, va formando en su mente el paisaje de la época referida, tratando de tú a tú a lo excepcional de lo narrado.

Lo trágico y lo cómico conviven en esta novela no como dos bandos enfrentados, sino como dos avenidas que se cruzan, formando una gran plaza central en la que bien podría inaugurarse una escultura en honor a la Memoria.

Hay quien cita a Cela y a Valle-Inclán para acotar, entre ambos maestros, los límites de esta novela de personajes. Yo considero que Benítez Reyes los sobrevuela y los supera. A ambos. Sin ambages. La apuesta es arriesgada y el autor sale victorioso de ella. Entre el doble o nada, dos tazas.

Raro será que cada lector no se identifique con alguno de los protagonistas de este afinado coro. Y raro será también que no acabe concluyendo que, en realidad, no se trata de gente, como indica el título, sino de personas, de seres humanos tan parecidos a los que podríamos contemplar y analizar si nos sentáramos en la terraza de un bar junto a Benítez Reyes tomándonos un café o un gin tonic, según la hora. Tan parecidos, en definitiva, a nosotros mismos.

La gente (Fundación José Manuel Lara, 2025) | Felipe Benítez Reyes | 160 páginas | 15 euros

admin

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *