
JOSÉ MANUEL GARCÍA GIL | En la muy conocida y sobada primera frase con la que Tolstoi da comienzo a su Anna Karenina, se dice que “todas las familias dichosas se parecen”, pero que “las infelices lo son cada una a su manera”. Lo que Tolstoi sugería, seguramente, es que para extraer sustancia literaria hay que fijarse, mejor que en las familias que irradian felicidad, en aquellas otras que se apuñalan por la espalda o disimulan y esconden sus miserias bajo las alfombras, sean persas o de poliéster. Para levantarlas y mostrar los entresijos, a menudo criminales, que oculta una de ellas, aparece Pascual Cordero, el detective privado creado por Aitor Marín (San Sebastián, 1967) en esta segunda novela suya, Será por dinero, recién publicada por Siruela en su colección policíaca.
La vida aburrida y gris de este detective da un vuelco cuando Paz Carnal, última amante del poderoso magnate hostelero Ramón Glasé, lo contrata para investigar la repentina muerte del empresario, fallecido aparentemente mientras dormía. Paz, en cambio, sospecha que Glasé ha sido asesinado de un modo poco ortodoxo: atiborrado de Viagra. El encargo —exonerarla de ese supuesto crimen— adquiere para Pascual proporciones mayores cuando se entera de que el difunto había incluido en su testamento una cláusula concluyente: si se demostraba que su muerte había sido provocada, su déspota y controladora esposa, y sus desahogados hijos, quedarían desheredados y la suculenta herencia pasaría a manos de una serie de organizaciones dudosamente benéficas. El contraste entre este arranque explosivo y la torpeza metódica con la que Pascual se desenvuelve a la hora de hurgar en los secretos de esa familia o de moverse con soltura en las turbulentas aguas del dinero, la ambición y la codicia, convierten la historia de sus pesquisas, en apariencia condenadas de antemano al fracaso, en una carrera de obstáculos, mitad tópicos, mitad desenfadados: pruebas que desaparecen, matones que lo persiguen y secuestran, cliente sospechosa, familiares que torpedean su investigación, inspectores deslenguados que lo desprecian, recuerdos que se resisten a ser enterrados, etc.
Todo el mundo trata con desprecio a Pascual Cordero, desde sus compañeros de colegio (en una de las cuatro partes en las que se divide el libro se vuelve al pasado) a todos los que, en la actualidad de la novela, lo ven como un ser incauto, débil y ridículo, del que es hasta tentador aprovecharse. Y lo realmente extraordinario en Será por dinero es, precisamente, la creación de ese personaje, despreciado por casi todos, que nada tiene que ver con las figuras legendarias del género. Ni la genialidad de Sherlock Holmes, ni la inteligencia de Miss Marple, ni la comprensión de la naturaleza humana del padre Brown, ni el cinismo de Sam Spade o la erudición de Pepe Carvalho, por poner algunos ejemplos. El suyo es un perfil más cinematográfico que literario, cercano al resultado de mezclar en una sola persona al teniente Colombo, al sargento Cruchot o al inspector Clouseau. Ni curiosidad, ni intuición, ni imaginación, el Cordero de Aitor Marín está hecho de otra pasta: serio y honesto; cumplidor con las leyes y las normas, en especial con las cláusulas de confidencialidad y el código de la circulación, hasta el absurdo; apocado, torpe, inoportuno y puntilloso; vestido con ropa pasada de moda y sin otro vicio que un buen vaso de agua con gas (del tiempo).
Con acierto, Marín reemplaza la antigua figura del héroe detective, sin desterrar el relato del enigma de su importancia central, por la de un antihéroe peculiar que, por el amor a una mujer y a la memoria de su padre (vive con sus cenizas), evolucionará a lo largo de la trama hasta hacerse acreedor, finalmente, de esa condición heroica. En las páginas finales, Pascual Cordero ya no es el personaje que nos ha irritado o hecho sonreír en las páginas precedentes. Ha sufrido cambios significativos en su personalidad y en sus valores. Ha superado flaquezas, inseguridades y manías y cierra la novela (resuelve el caso) de manera triunfante. Un epílogo a lo Agatha Christie, con todos los sospechosos convocados en el despacho de una notaría por Cordero, quien, como un Hércules Poirot en el salón de un barco en medio del Nilo, toma el control absoluto de la situación, repasa las pistas y las traiciones, descarta teorías falsas y revela el papel y las responsabilidades criminales de cada uno de esos personajes que trataron de tomarle el pelo.
Más allá de su detective, y no es poca cosa, Aitor Marín es prácticamente implacable aplicando la fórmula básica de lo policial: estructura cerrada, enigma, final sorpresivo, trama entretenida y sin huecos. Conoce las exigencias del género y, aun con sentido paródico, sabe cumplir con ellas. En una prosa conscientemente parca y con un lenguaje y unos diálogos eficaces, el autor lleva al lector de la mano y sin perderse (cosa que se agradece) por las distintas bifurcaciones de su novela. Será por dinero se deja leer muy bien, entretiene, tira de clichés y Martín los adereza con esos más de treinta años de trayectoria en el periodismo que se refleja en su mirada crítica, su pulso narrativo y su capacidad para retratar los mecanismos del poder y la corrupción. Asuntos sucios que, tras la fortuna de los Glasé, van desempaquetándose a lo largo de las cuatro partes y los 37 capítulos con los que el escritor donostiarra estructura una obra más que apreciable para todos aquellos que disfrutamos con las novelas negras, policiacas o de detectives.
Será por dinero (Siruela Policiaca, 2026) | Aitor Marín | 264 páginas | 21,95 euros
No suelen interesarme mucho las novelas de detectives, pero tras leer tu reseña tengo muchas ganas de leer esta novela.