
ELENA MARQUÉS | Saludos, lectores de la Tierra.
Mi nombre no tiene traducción a ninguna lengua humana, así que podéis llamarme simplemente «el extraterrestre que busca a Gurb». Nada de Ismael ni cosas por el estilo. He decidido dejaros una reseña de este diario que escribí y que un tal Eduardo Mendoza convirtió en novela humorística. Creo que es interesante que os adentréis en mi estrafalaria aventura, que comenzó como una sencilla misión de exploración y terminó convirtiéndose en una sucesión de situaciones absurdas que pusieron a prueba mi paciencia, mi capacidad de adaptación y mi cuenta bancaria.
La cuestión es que mi compañero y yo llegamos a la ciudad de Barcelona, donde andaban preparando esos juegos deportivos que se celebran cada cuatro años. Gurb, que siempre ha sido bastante impulsivo, decidió adoptar la apariencia de una tal Marta Sánchez, famosa cantante terrestre, y desapareció sin dejar rastro. Una lástima, porque Gurb nunca había tenido mejor aspecto. Desde ese momento me vi obligado a recorrer la ciudad para encontrarlo. Lo que parecía una tarea simple acabó convirtiéndose en una investigación interminable, ya que los humanos tienen la extraña costumbre de moverse constantemente, dar indicaciones confusas y responder a preguntas sencillas con discursos larguísimos.
Durante mi búsqueda me he visto obligado a relacionarme con numerosos especímenes, algunos amables y otros completamente incomprensibles; pero eso me ha dado la oportunidad de estudiarlos a fondo. Debo admitir que es una de las formas de vida más desconcertantes que he encontrado hasta ahora. Los humanos pasan gran parte de su tiempo trabajando para conseguir dinero y luego gastan ese dinero en cosas que no necesitan. También hacen cola voluntariamente para comprar objetos, para entrar en edificios a realizar gestiones e incluso para subir a medios de transporte que llegan tarde. En mi planeta un comportamiento de tales características sería considerado un síntoma preocupante y requeriría observación médica inmediata.
Otra cosa. Para pasar desapercibido me vi obligado a adoptar numerosas identidades. Descubrí que la apariencia física influye muchísimo en la manera en que las personas te tratan. En algunos momentos fui recibido con admiración y respeto; en otros, apenas me prestaban atención. Esta experiencia me permitió comprender que los humanos suelen juzgar a los demás por su aspecto antes que por sus acciones, una costumbre bastante poco práctica desde el punto de vista científico.
Por supuesto, la ciudad de Barcelona merece una mención especial. Llegué esperando encontrar una población organizada y fácilmente comprensible, pero me encontré con un espacio lleno de ruido, tráfico, obras y personas que parecían tener mucha prisa sin saber exactamente a dónde iban. Sin embargo, también descubrí lugares agradables, parques, cafeterías y barrios llenos de vida. Aunque al principio me sentí completamente perdido, poco a poco empecé a acostumbrarme a la ciudad e incluso a disfrutar de algunas de sus costumbres.
Con todo, debo decir que la búsqueda me ha resultado desesperante. Gurb es un excelente compañero cuando está presente, pero bastante menos útil cuando desaparece durante casi toda la historia. Aun así, su ausencia es precisamente lo que impulsa la acción del libro, generando cientos de malentendidos y situaciones divertidas. Ese tal Mendoza, según he leído, sabe utilizar la ironía, la exageración y el absurdo para hacer reír al lector, pero también para invitarlo a reflexionar sobre comportamientos que solemos considerar normales. De hecho, al contar la realidad desde mi voz consigue que muchas costumbres humanas aparezcan como algo extraño o incluso ridículo.
En cuanto al lenguaje del libro, es sencillo y accesible (al fin y al cabo, yo no domino ninguno de los idiomas de la Tierra, así que he hecho lo que he podido), pero creo que eso mismo hace que la lectura sea rápida y entretenida, adecuada para lectores de diferentes edades, especialmente los jóvenes, que aquí nunca tienen ganas de nada, y para quienes disfrutan de las historias humorísticas.
En conclusión, recomiendo Sin noticias de Gurb a cualquier lector que busque historias originales y le doy una valoración final de 4,5 estrellas galácticas sobre 5. Habría otorgado la puntuación máxima si hubiera encontrado a Gurb un poco antes y si los humanos hubieran incluido instrucciones más claras sobre cómo funciona su planeta.
Firmado:
El extraterrestre que sigue preguntándose por qué los humanos se complican tanto la vida.
Sin noticias de Gurb (Seix Barral, 2014) | Eduardo Mendoza | 192 páginas | 11,40 euros