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Se oyen campanas

RAFAEL ROBLAS CARIDE | Frank Capra nos ha acostumbrado a imaginar angelitos que ganan sus alas cada vez que suenan campanillas en el aire. Yo en cambio, que siempre arrimo el ascua de mi sardina a la hoguera de la lírica, imagino poetas: tiernos aspirantes a la gloria del Parnaso que adquieren a precio de saldo unas alitas para iniciar el ascenso soñado. Con Salón de rechazados, un joven Giuseppe Turiello Hernández muestra sus credenciales al tribunal  y percibo el tintineo.

Graduado en Historia del Arte por la Universidad de Sevilla y Máster en Humanidades Digitales, el incipiente poeta presenta al lector un sugerente recorrido por el ala más desconocida de su imaginario museo sentimental: unas largas estancias en las que se amalgaman, sin orden ni concierto, “formidables rarezas” que amueblan los distintos capítulos que van conformando definitivamente el libro: Así, la “Sala de naturalezas muertas”, la “Sala de los retratos”, la “Sala de los paisajes”, la “Sala de los desnudos” o la “Sala de las partituras” se desarrollan al principio para concluir –en una suerte de totum revolutum­– en una “Sala de otras piezas de la exposición” y en otra de “Rechazados”, todas ellas encuadradas entre dos composiciones de apertura y cierre –“Cartel del salón” y “Cartel de despedida del salón”–, que dotan de sentido unitario a su propuesta lírica.

Sed bienvenidos, mesdames et messieurs,

a este primer Salón de Rechazados.

Id en silencio. Guardad vuestras máscaras

en los roperos para ver más claro.

Hay flores casi secas y oxidadas

entre jarrones de licor barato;

paisajes muertos, cisnes en la nieve

y relojes parados;

retratos de personas que no existen

tocando vanidades al piano;

y desnudos que ocultan sus temblores

perdiéndose despacio.

Hay también partituras de poeta,

silencios, fusas, prestos agitatos;

con sonatas, baladas y nocturnos

apagados.

Romances de la Arcadia. Tempestades

difusas. Lluvia. Miedo. Garcilasos

abandonados sobre ceniceros.

Cráneos previlegiados.

Algunos versos buenos

y algunos versos malos.

Y sobre todo muchas ilusiones,

muchos gritos de cerdo desangrado,

muchos recuerdos olvidados, muchas

ausencias, mucho pánico;

pinceladas que solo pueden verse

con los ojos cerrados

De este modo, desfilan a continuación y ordenadamente las obsesiones del joven escritor –poeta, artista, músico– ante nuestros asombrados ojos, dibujándose en el aire un mapamundi delimitado por las volutas de su ofrenda: la amistad, la música, el amor, la literatura, el tiempo. Y todo ello expresado con una coherencia indisimulada hacia sus fuentes primigenias de inspiración: la percha omnipresente del renacentista soneto con sus referencias mitológicas, la tendencia modernista hacia la eufonía, las frecuentes recaídas léxicas y simbólicas deudoras de un malsano prosaísmo entre la fealdad y el malditismo. Y, por último, la rima asonante –con preferencia par–como marca de la casa. Garcilaso y Bécquer. Baudelaire y Rubén. Gil de Biedma y Salvago. Agítese en la coctelera y salga el sabroso licor de este hispano-italiano que, pese a las lógicas aristas de su opera prima, apunta maneras y oficio. Como muestra, un botón:

Naturaleza muerta III

[El Garcilaso sobre el cenicero]

“La mar en medio y tierras he dejado”. (Garcilaso).

En uno de los patios de Triana

con zócalos de arcilla y azulejos

hay una mesa circular islámica

de alicatado verde, azul y negro.

Como mantel hay una servilleta,

con ciruelas que asoman ya sus huesos.

Alguna flor artificial. Un porro

que aroma todo desde el cenicero.

Un vaso helicoidal, Un Garcilaso

que posa, abierto en su tercer soneto.

Un folio que no tiene nada escrito.

Y un whisky peleón como el veneno

que dice ser añejo y escocés

pero que vale menos de tres euros.

El poemario avanza serpenteando entre los dedos, dejando un agradable regusto en el paladar, entre atrevidas metáforas (“el sol […] dejaba caer líquidamente / sobre el azul, sus lágrimas de sangre”) y sugerentes imágenes (“La alegría de Dios se retrataba / con la mano de Turner”), atreviéndose Turiello con un soneto que rima frases en latín del Miserere bíblico o con otro compuesto en su italiano conatal, en evidente acierto (“Accanto ai tuoi occhi di serpente, / tuoi occhi neri d’angelo ferito, / è rinato di nuovo l’infinito / perché ti seguo ancora, vanamente”). Aunque especial atención merece la trilogía sonetil dedicada a las ratas, con el tópico del tempus fugit revoloteando siempre sobre nuestras cabezas, para concluir inexorablemente ante los despojos del roedor destripado en un interesante tercer movimiento que dice así:

Te tapaba los ojos con el humo

de mi difunta pipa de tabaco

para que no me vieras tan desnudo

y tan humano.

Te tapaba los ojos con ternura

fingida y muchas ganas de arrancártelos.

Te tapaba los ojos, animal

repugnante, tus grandes ojos blancos.

Y tú lo permitías, no ponías

problemas, no escapabas de mis manos.

Tenías las costillas aplastadas

y hormigas devorándote el costado.

Los dos sabemos

que el tiempo pasa demasiado rápido.

Y, para finalizar –tras una breve sucesión de piezas catalogadas como “rechazados” que conforman el capítulo menos lírico y más contemporáneo del libro–, el consabido epílogo, a modo de “Cartel de despedida” que, retomando el tono del poema inicial, le otorga a la obra una acertada circularidad que cohesiona sus partes y le sirve de adiós, apelando directamente a los lectores en su última estrofa:

[…] Coged las máscaras que abandonasteis

en el ropero, y quede para siempre

el lejano recuerdo de estos versos

y de estas embiagueces.

Con el prometedor debut de este Salón de rechazados, Giuseppe Turiello Hernández ha obtenido el XXIV Premio “València Nova” de poesía, que convoca la Institución Alfons el Magnànim-CVEI. No es un mal inicio para un autor novel del que esperamos ávidamente una pronta entrega que confirme los buenos augurios de su primer poemario. Las alas ya están concedidas, Capra. Ahora, a volar mientras resuenan campanas.

Salón de rechazados (Hiperión, 2024) | Giuseppe Turiello Hernández | 82 páginas | 12 euros | XXIV Premio «València Nova» de poesía

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