
ALEJANDRO LUQUE | Si se me permite la simplificación, una buena novela solo tiene dos secretos: encontrar una voz y una poética. Animales pequeños, el debut de la sevillana Mercedes Duque Espiau de la mano de Tusquets Editores, reúne ambas. Basta leer la primera página para saber que estamos ante una escritora, y una llamada a hacer grandes cosas en la narrativa por venir. De modo que anoten su nombre, quédense con su cara o, al menos, háganse con esta obra para convencerse de que no me paso de entusiasta.
La voz de Animales pequeños es la de Rita, una joven española que, después de acabar la incierta carrera de Periodismo, se marcha al extranjero y comparte piso con dos compañeras. La ciudad que la acoge es Londres, pero se evita incidir en los tópicos de la capital británica, no hay descripciones de color, lo que aporta realismo al relato: la mirada de quien habita un lugar no tiene nada que ver con la del turista. Allí, Rita sobrelleva sus días entre un trabajo precario, ratos en casa viendo series como House o Girls, y desfases nocturnos en los que se pone a gusto de cocaína y se entrega al sexo de una forma más bien irresponsable, lo que termina sumiéndola en temores de embarazos no deseados y enfermedades venéreas.
El contrapunto de la protagonista es Eva, su hermana igualmente afincada en Londres, quien durante la niñez representó el papel de hija perfecta y ahora lo prorroga con un exitoso trabajo de editora y una pareja estable. Una serie de sucesos inesperados van a hacer que Rita se replantee su deriva y, en el proceso, madure inevitablemente.
Muy pronto el lector va a percibir que en la prosa de Mercedes Duque cada frase está labrada con mimo, que toda la historia está llena de detalles. Y ya se sabe que el diablo se agazapa en ellos, pero también la vida. Animales pequeños está lleno de vida, de verdad y de naturalidad, gracias al buen hacer de la autora, que crea un universo convincente, unos personajes que hablan con voz propia, sin rastro de esa ventriloquía tan frecuente en la literatura, y esa vibración que atribuimos a la realidad. No me gustaría excederme en la euforia, sobre todo porque no suele ser bueno para los escritores (y tampoco para los lectores, que tienden a subir sus expectativas más de la cuenta), pero me gustaría dejar constancia de que no es frecuente ver un debut en el que todo esté tan equilibrado, en el que el relato sea tan sólido y, lo que es casi más importante, en el que no reconozcamos errores de bulto, deslices, patinazos propios de un novato o novata. Mi trabajo no es jugar al oráculo, pero mi deber sí es celebrar que una nueva voz ha llegado a la narrativa española, y está llamada a darnos grandes alegrías.
Animales pequeños (Tusquets, 2025) | Mercedes Duque Espiau |208 páginas | 18.90 euros