
LUIS ANTONIO SIERRA | Hay gente que denosta la labor que las editoriales juegan en el mundo del libro y es verdad que algunas dejan mucho que desear, sobre todo, esas ingentes maquinarias de hacer dinero, esas multinacionales de la edición supeditadas a intereses económicos, fundamentalmente, pero también ideológicos, normalmente de carácter conservador. Dichos conglomerados empresariales, grosso modo, tienden hacia el consumo de masas uniformador, unidireccional y, por lo tanto, poco presto a la disidencia ideológica o a abrirse a voces alternativas o minoritarias. Por suerte existe otra vía en este mundo de la edición que es esa amalgama de editoriales independientes que pelean cada día por sobrevivir y sacar la cabeza con ediciones cortas, distribuciones a veces insuficientes y muchos obstáculos puestos en ocasiones por sus hermanas mayores. Afortunadamente, estas pequeñas editoriales independientes apuestan por publicaciones que nos abren nuevas vías de conocimiento, de sensaciones y percepciones; o simplemente, nos dan a conocer autores y autoras prácticamente desconocidas para el gran público nacional, aunque en sus países de origen sean – o hayan sido – figuras consagradas.
Esto último es el caso del libro objeto de esta reseña: ¿Cuánto falta para Babilonia?, de Jennifer Johnston. Como hemos hecho en otras ocasiones, nos sentimos obligados a reconocer y agradecer a Automática Editorial por su labor en el mundo del libro, por apostar por figuras casi inéditas en España, pero muy importantes en sus lugares de origen, Irlanda en esta ocasión. Porque, aunque para el gran público español sea prácticamente desconocida y su obra apenas ha sido traducida al castellano, es un hecho innegable que Jennifer Johnston es una de las grandes damas de la literatura irlandesa contemporánea y como tal merece un hueco en nuestras estanterías.
Entre las características más sobresalientes de la autora irlandesa estarían la delicadeza – la ternura incluso – con la que utiliza el lenguaje, o su abordaje de asuntos en ocasiones duros a los que aplica grandes dosis de sentido común, empatía y, nos atreveríamos a decir, cariño. Este estilo tan particular hace que, aunque Johnston diga verdades como puños, no resulte estridente y no caiga en lo panfletario. Puede que ahí resida el reconocimiento que la recién fallecida escritora ha recibido en el mundo literario anglosajón ya que, sin caer en extremismos estilísticos o estridencias lingüísticas, ha creado opinión sobre asuntos tan interesantes como la amistad, las relaciones de clase, la institución familiar, la religión, el colonialismo, el nacionalismo irlandés o la guerra en Irlanda del Norte.
En cuanto a los temas más notables que encontramos en ¿Cuánto falta para Babilonia? destacaríamos los asociados a la familia, las relaciones de clase, o la pugna por los derechos nacionales en Irlanda, entre otros. Es llamativo, aunque no inusual, que en el contexto en el que se desarrolla la novela – principios del siglo XX – y entre las clases más pudientes, los lazos familiares estuvieran determinados por conveniencia económica, que los matrimonios, por esta misma razón, no fueran precisamente felices y la educación de sus vástagos estuviera alejada del vulgo y atravesada por el mantenimiento de los privilegios de clase. Ese es el retrato que obtenemos de la familia de nuestro protagonista, el aristócrata anglo-irlandés Alexander Moore quien, a pesar de las presiones familiares – sobre todo maternas – romperá en ocasiones las barreras de clase y entablará amistad con Jerry Crowe, un campesino que vive en la zona. Esta amistad traerá tremendos disgustos a su entorno familiar, en especial a su madre quien entiende que esa relación como algo contra natura y se servirá del estallido de la Primera Guerra Mundial para intentar romperlos de acuerdo con su clasista punto de vista. Resulta tremendamente cruel que una madre mande a su propio hijo al matadero que resultó ser la conflagración mundial que se llevó por delante la vida de unos 20 millones de personas entre civiles y militares.
El clasismo está imbricado en ese ejército británico que va al continente europeo a luchar y que, consecuentemente, pondrá a los hijos de la aristocracia a dirigir las tropas (¡viva la meritocracia!) y al pueblo llano a obedecer. Así pues, Alexander será oficial y Jerry soldado raso, condición que va a perturbar su amistad debido a la segregación clasista aplicada en el ejército que impedía cualquier relación entre los oficiales y la tropa. Aun así, estos amigos se impondrán por encima de las normas, circunstancia que derivará en un final trágico y absurdo para los estándares actuales, pero inevitable bajo la disciplina militar de la época. Por otro lado, la discriminación no solo se ejerce por razones de clase, sino también por cuestiones políticas ya que el colonialismo permea en distintos grados toda la novela: desde la misma situación socioeconómica que viven los personajes en casa hasta la segregación que el propio Alexander sufre en el ejército entre sus iguales de rango por ser oriundo de una nación colonizada desde hace siglos por Gran Bretaña.
Como decíamos unas líneas más arriba, ¿Cuánto falta para Babilonia? es Jennifer Johnston en estado puro; es una novela de disfrute estilístico, pero también de profunda reflexión. ¿Qué más se puede pedir a una buena obra literaria?
¿Cuánto falta para Babilonia? (Automática Editorial, 2025) | Jennifer Johnston | Traducción de Lucía Barahona Lorenzo | 208 páginas | 20 euros.