0

Sobre la impunidad o por qué los malos (casi) siempre ganan

LUIS ANTONIO SIERRA | La literatura canónica de masas se asienta sobre un precepto ya bastante antiguo que se puede resumir en una expresión: el final feliz. Este se puede resumir, grosso modo, de la siguiente manera: el orden natural de las cosas, esto es, el que la ideología hegemónica de la época entiende como tal y, por consiguiente, ha impuesto sobre el inconsciente ideológico de la sociedad, este orden, como digo, es alterado por una serie de acontecimientos, pero finalmente, y gracias a ciertos encajes narrativos (giros de guion, situaciones inesperadas, la acción valiente y atrevida del héroe, etc.) es restablecido y todos contentos. Lo que implica esta estructura narrativa es un aviso a navegantes, es decir, se da por hecho por parte de las clases dominantes que el orden social vigente es algo inviolable y que todo intento de alteración tendrá su consiguiente castigo por haberse atrevido a retar lo establecido. Por suerte, no todo lo que se escribe se ha hecho bajo este estrecho corsé y gracias a esas rupturas la literatura, así como las sociedades, ha ido progresando y avanzando.

Todo lo dicho tiene su reflejo en el día a día y la testaruda realidad nos dice que las fuerzas conservadoras continúan teniendo un poder casi omnímodo que hace muy difícil el progreso. Los ejemplos son múltiples y variados y bastaría con echar un vistazo a lo que está sucediendo a nuestro alrededor – Trump, Netanyahu, Putin, Meloni, Orban, Milei, … – para ver que “los malos” siguen ganando la partida. Y claro ejemplo de esto es último libro del abogado, profesor y periodista oficioso, Philippe Sands, el imprescindible Calle Londres, 38. Dos casos de impunidad: Pinochet en Inglaterra y un nazi en la Patagonia. El título del libro resume lo que nos vamos a encontrar en su interior, aunque también es verdad que a poco que tengamos ciertos conocimientos históricos sabemos qué pasó con Pinochet y su detención en Inglaterra o cuál fue el sino de muchos nazis tras el final de la Segunda Guerra Mundial.

A pesar de las casi quinientas páginas de este voluminoso trabajo difícilmente clasificable – ensayo, reportaje, thriller, o todo junto –, su lectura es tremendamente sugerente, ágil, interesante, sorprendente por momentos. En definitiva, un estilo narrativo que no se atasca como otros libros de similar naturaleza en explicaciones o digresiones farragosas que hacen perder el interés y el hilo de los acontecimientos. Esta amabilidad en la lectura puede deberse, en parte también a que guarda cierta similitud a lo que pudiera ser un diario, al hecho de que Sands nos va desvelando los progresos de sus investigaciones. Huelga decir que todo esto sirve también para mantener la atención del lector y unas expectativas altas sobre lo que está por venir, a pesar, como ya hemos mencionado, de que nos sabemos cómo acaban las dos historias que nos cuenta Sands. Asimismo, el factor humano también cuenta para empatizar con el trabajo del autor y mantener el interés en la lectura ya que su misma familia, de una forma u otra, también forma parte de la trama.

En cuanto a la historia, simplemente habría que mencionar que lo sucedido a Pinochet y a Rauff obedece a los parámetros que mencionábamos antes sobre el final feliz y la vuelta al orden establecido después de una quiebra abrupta de dicho orden. Quienes se las prometieron felices – ilusos progres – con el procesamiento de ambos monstruos tuvieron que envainársela después de que los pareceres reaccionarios se impusieran y el orden fuera restablecido tras la absolución de ambos – por cualesquiera que fueran las razones, que es lo de menos. Los más optimistas quisieron ver en estos procesamientos cierta luz sobre las implicaciones que haber puesto entre las cuerdas tanto al dictador chileno como al oficial de las SS pudieran tener en el futuro en cuanto a la posibilidad de alterar el orden conservador hegemónico y que este pudiera ser modificado o sustituido en última instancia por otro en el que los valores progresistas estuvieran presentes. La realidad es tan cruda que esas esperanzas, a pesar de los esfuerzos, se esfumaron en su momento y en la actualidad las expectativas no son precisamente muy halagüeñas. Solo hace falta ver que los esfuerzos por detener al genocida de Netanyahu caen sistemáticamente en saco roto mientras este es protegido por Donald Trump, cómplice del genocidio y autócrata en ciernes.

La historia hay que conocerla para no volver a cometer los mismos errores. Este mantra se repite continuamente, pero ¡vaya!, como el que oye llover y seguimos en las mismas. Ojalá que libros como Calle Londres, 38 tuvieran el efecto de una bofetada que nos hiciera despertar, pero, claro, primero tendrían que leerlo esas personas que se empeñan en mantener el viejo orden caiga quien caiga.

Calle Londres, 38. Dos casos de impunidad: Pinochet en Inglaterra y un nazi en la Patagonia. (Anagrama, 2025) | Philippe Sands | Traducción de Francisco J. Ramos Mena y Juan Manuel Salmerón Arjona | 584 páginas | 23,90 euros.

admin

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *