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Sujetando cubatas

EDUARDO CRUZ ACILLONA | Según la RAE, “Yacer” significa “Estar echada o tendida” (dicho de una persona), “Estar en la fosa o en el sepulcro” (dicho de un cadáver) o “Existir o estar real o figuradamente en un sitio” (dicho de una persona o una cosa). A la vista de lo cual, debemos colegir que, cuando Fernando León de Aranoa titulaba su primer libro con la sentencia Aquí yacen dragones (Seix Barral, 2013), debía hacer referencia a la tercera acepción expuesta, dado que dichos dragones, doce años más tarde, han vuelto a aparecer, en esta ocasión, encerrados en una leonera…

En esta casa queremos mucho a León de Aranoa. Cada guion suyo, cada película suya es una fiesta en honor a la inteligencia, al compromiso, a la calidad artística, al hacer exquisito y honesto. Lo mismo nos sucede cuando concede una entrevista, cuando dirige un documental (Sintiéndolo mucho, 2022) o cuando rinde un delicado y emocionante homenaje a las víctimas del 11M en un videoclip protagonizado por Leyva y Travis Birds.

Y como no podía ser de otra manera, queremos mucho a León de Aranoa cuando, en 2013, publica su primer libro de relatos, el mencionado Aquí yacen dragones. Lo que nos lleva, todo ello, a abalanzarnos sobre la mesa de novedades en cuanto su segundo libro, Leonera, se pone a la venta.

¿Y qué nos encontramos en él? Pues, al igual que en la anterior entrega, una nutrida colección de textos que van desde el relato hiperbreve hasta entradas que bien pudieran pertenecer a un diario personal pasando por escuetos pensamientos a modo de aforismos.

De todo ello, los que destacan sobremanera son los textos bañados de introspección, fruto de la mera observación de lo que sucede alrededor o de pensamientos íntimos que surgen a raíz de un suceso mínimo, hogareño, casual, imprevisto, y que el autor tiene la capacidad de elevar al carácter de universal, da igual que hable de su hija, de la amistad, de los bares que frecuenta(ba), del amor o del runrún cotidiano de una plaza. Son piezas de andar por casa pero con ropa de domingo, escritas con sosiego y maestría, huyendo de la vuelapluma y del socorrido y atropellado salir del paso.

En cuanto a los textos de mera ficción, evita con acierto lo que a priori podría esperarse de él, es decir, unos apuntes para futuros guiones de películas. Muy al contrario, son textos con identidad propia y cuyas historias encuentran la horma de su zapato en el relato hiperbreve. Entre ellos, luces y sombras, hay algunos que rayan a gran altura en lo que a originalidad y estilo se refiere y otros que, lamentablemente, no pasarían ni una primera revisión en un taller de escritura creativa.

Por último, y menos mal que son pocos, fracasa estrepitosamente en los textos que pretenden ser aforismos y que no pasan de “ocurrismos” (término acuñado por un servidor) o, si se prefiere, de meras boutades. Por poner un par de ejemplos: “¿Sigue el pájaro siendo pájaro aun cuando no vuela?” (Ejem…); “Es el hombre, no al revés, el que ha creado a Dios a su imagen y semejanza” (una ardilla podría atravesar la península ibérica sin pisar el suelo saltando de cabeza en cabeza de aforistas que han escrito, literalmente, esto mismo).

Pero queremos a Fernando León de Aranoa. Y todo lo que saque a la luz será motivo de fiesta y merecerá la pena hacerlo nuestro.

Mención especial merece el autor del texto de la contraportada del libro y, por extensión, quien le ha sujetado el cubata. Dice: “Declarado admirador de las Prosas apátridas de Julio Ramón Ribeyro, Fernando León de Aranoa ha creado un género literario propio entre el cuento, el microrrelato, el aforismo y el diario…” Un género literario propio, dice… Qué le hubiera costado irse a esas Prosas apátridas, editadas por la propia Seix Barral en 2019, y leer en el prólogo que firma el mismísimo León de Aranoa “Al deslumbramiento que me había producido la lectura de sus cuentos se sumó pronto el que me produjeron los escritos que ahora tienes entre las manos. A medio camino entre el relato breve y las entradas de su diario, lo componen reflexiones breves, lugares, momentos, esperas, postales de un viaje por todos los rincones de la realidad, compuestas desde la mirada perpleja de su autor”. Un género literario propio, dice…

Y cubata aparte merecen también aquellos que lanzan cohetes al falso techo que es el cielo (Aranoa dixit) y ya colocan a nuestro querido autor a la altura de Borges, Cortázar y Queneau (¿no habrán sufrido un cruce de cables y querían referirse a Georges Perec y, un poner, a su Tentativa de agotamiento de un lugar parisino?)

En todo caso, los dragones se han levantado, se han aposentado en una leonera y los que queremos tanto a Ribeyro os recomendamos que, como mínimo, les hagáis una visita.

Leonera (Seix Barral, 2025) | Fernando León de Aranoa | 192 págs. | 19€

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