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TEA: Todo el amor

JUAN CARLOS SIERRA | La gente habla con sus perros es un poemario que llega dos años tarde a los lectores. Su periplo empieza en 2024, cuando un jurado decide que será la obra ganadora del IX Certamen Internacional de Creación Literaria Miguel Hernández; continúa en Jaén en marzo de 2025 durante la entrega física del correspondiente premio a su autor, Arturo Méndez Cons (Cádiz, 1980), de manos de Marta Torres, Vicerrectora de Cultura de la Universidad de Jaén, e Isabel Abad, Directora de Actividades Culturales y Aula Abierta de la misma universidad; finalmente, la obra se publica con gran mimo y una excelente calidad material en febrero del 2026. De modo que desde su aparición en el horizonte poético patrio hasta su llegada a las librerías ha contado la obra de Arturo Méndez Cons con una demora de prácticamente dos años -por no contar su tiempo de gestación-. Por ello no sé si esta reseña adolecerá también de cierta tardanza, porque no tengo claro si cuando se publique, mantendrá aún su vigencia lo que se cuenta en el poemario, que no es ni más ni menos que la experiencia poliédrica, compleja, extraña, dolorosa, profunda, dichosa, amorosa,… de un padre poeta y abogado, Arturo Méndez Cons, dentro del universo sentimental, familiar e íntimo que se genera en torno a Leo, su hijo autista. A juzgar por el recorrido emocional expuesto en el poemario que nos ocupa, creo que aún estamos a tiempo de no errar demasiado en su análisis.

            Lo primero que puede acaparar la atención del lector de La gente habla con sus perros es que su poesía parte de la más absoluta transparencia. Esta desnudez contribuye a que textos como ‘A mi hijo Leo, que hoy cumple once años, y a su madre, Patri, que duerme a su lado’ (páginas 49 a 53) alcancen momentos de una intensísima emotividad. Este poema -y no solo él- pone en juego al hilo de su limpidez y de su verdad una de las bases creativas del libro. Su autor no tiene la necesidad de enmascararse, de esconderse detrás de teoría retórica alguna, ni de construir un personaje poético, un alter ego, un yo lírico,… o lo que sea que hacen los poetas. Aquí Leo es Leo, el hijo de Arturo y de Patri; y Arturo es Arturo, el escritor y abogado ¿opositor? que habla esencialmente de cómo un diagnóstico TEA en su hijo mayor irrumpe como un vendaval en mitad del trasiego y de los afectos cotidianos. La pregunta que surge a propósito de esto apunta a si es posible ‘poetizar’ un acontecimiento como este. La respuesta nos la da Arturo Méndez Cons en La gente habla con sus perros y tira más bien hacia la afirmación.

            Para desarrollar el asunto central y desencadenante del poemario, Arturo Méndez Cons estructura su obra en dos partes o, dicho de otro modo más ajustado, escribe dos libros en uno: ‘Libro de los desórdenes’ y ‘Libro del amor’. Los títulos elegidos por el autor gaditano afincado en Valencia son bastante elocuentes respecto a los asuntos tratados en cada uno de ellos; ambos ‘libros’, por cierto, amparados bajo el paraguas de la cita que abre el libro atribuida a Hank Chinasky, alter ego de Charles Bukowski en la película Barfly: “La resistencia es más importante que la verdad”. Algo así como que ante las hostias que te va a dar la vida -si es que no has recibido ya más de una-, no queda más remedio que encajar, mantenerse en pie, aunque tiemblen las piernas, e intentar transformarlo todo, dentro de lo posible, en algo luminoso. Ese es el camino que propone Arturo Méndez Cons en La gente habla con sus perros: de la confusión, del aturdimiento, de la rabia,… hacia la luminosidad del amor incondicional. Para muestra, el botón del poema ‘Veinticinco pesetas’ en la página 57: “…no tengo respuestas para casi nada de lo que tiene que ver con/ él pero le quiero como se veneran las cosas más puras…”. Eso sí, sin hacerse trampas al solitario, ya que la madurez alcanzada tanto en la relación de pareja como en la relación con el hijo deriva en algo parecido a la paz y, por supuesto, en amor: “…él no necesita hablar ni yo necesito que él hable // Esa es nuestra pequeña gran victoria/ entonces el amor deja de ser un límite/ O sigue siéndolo pero volvemos a rebasarlo” -‘La edad y la gravedad’ (página 69)-. Ese mismo y explícito amor cerrará el libro en su última página.

La poesía cumple, por otra parte, en La gente habla con sus perros una de sus funciones esenciales: mirar primorosamente, atentamente, donde nadie suele o quiere mirar; y contarlo; es decir, en este maremoto provocado por un diagnóstico inesperado, echar un ojo a las pequeñas cosas del día a día, a los quiebros y regates que nos hacen las previsiones que inconscientemente proyectamos en lo cotidiano; atender a los detalles de lo aparentemente insignificante, esos que hacen que la perspectiva sobre la vida cambie radicalmente; estar atentos a esas minucias a las que nadie parece hacer demasiado caso, como, por ejemplo, a todo lo profundo que se remueve a partir del hecho aparentemente intrascendente de que se pierda el perro de la familia, como sucede en el poema que abre el ‘Libro del amor’ titulado ‘La huida’ (páginas 43 a 47).

Este libro de Arturo Méndez Cons no es, por lo tanto, solo un poemario sobre un hijo autista ni, por supuesto, una proclama, una reivindicación, un lamento por la precariedad de los medios que se decidan a estos asuntos. Estos extremos, de hecho, ni se plantean. Eso sería otro libro muy distinto a este y probablemente bastante menos meritorio. La gente habla con sus perros trasciende lo anecdótico, por jodido que sea, y profundiza en la intimidad de un diagnóstico de TEA.

            Esta misión lírica la lleva a cabo Arturo Méndez Cons a partir de una artefacto literario construido a base de poemas río, caudalosos, extensos, mayoritariamente turbulentos,… que responde coherentemente a la idiosincrasia del libro; una poesía sin signos de tradición, muy cercana a la prosa, tanto que el libro finaliza con algo visual y rítmicamente más cercano a esta. También hay que advertir en relación a esto que apuntamos el peso más que relevante de lo narrativo; al fin y al cabo, se trata de contar a Leo, su vida y la de su familia, sin trampas ni cartón.

No hay escondite lírico, pues, ni pose poética ni retórica artificial, en consonancia con la transparencia apuntada más arriba. Lo que hay es lo que hay, lo que se lee es lo que se lee. No obstante, todo esto se equilibra o se complementa poéticamente con elementos más propios de una lírica poco convencional, como no lo es tampoco el leitmotiv del libro. En este sentido, resulta particularmente productiva la ausencia de los signos de puntuación más normativos, que crea una sintaxis peculiar, unas veces rocosa y otras más fluida. Esa misma fluidez se aprecia en las imágenes, entre las que hay que destacar metáforas muy personales y algo ‘extravagantes’, elementos todos necesarios para explicar lo que cuesta tanto explicar, lo que ha tardado más de dos años en salir a la luz de los lectores –por no contar con los años de escritura-.

La gente habla con sus perros (UJA Editorial, 2026) |  Arturo Méndez Cons | 80 páginas | 18 euros

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