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Todas contra el hombre

ELENA MARQUÉS | Justo en el momento en que me siento a intentar hacer una reseña de El sexo según la izquierda. Cuando el feminismo perdió el norte de Ilya U. Topper me doy cuenta de hasta qué punto, tal como se proclamaba en los años sesenta y setenta, cualquier actividad o pensamiento humano se ha convertido en un hecho político. No se me malinterprete. No estoy afirmando que me parece exagerado el aserto. O sí. Que cada cual diga lo que piense, que en eso estamos. Hasta los más descerebrados tienen derecho a sentar cátedra. La cuestión es que hemos pasado de considerar el sexo un tabú o al menos una vivencia íntima a abanderarlo y a considerarlo el centro de ciertas luchas antipatriarcado en las que en ocasiones se olvida lo central para conseguir una sociedad justa, que digo yo es la aspiración de todo hombre o mujer de buena fe: la igualdad de la peña independientemente del sexo, creencia, raza o religión.

Pero no vivimos en un mundo ideal, sino en una realidad a la que llaman posmoderna y en la que no existen hechos ni datos sino percepciones, y de todo se hace narrativa y/o relato. Además, opinar hoy algo distinto a una mayoría que se considera moralmente superior se ha convertido en deporte de riesgo. Hemos llegado tristemente a eso, reconoce Topper: de prohibir prohibir pasamos a prohibir debatir. Digamos que sobre ciertos asuntos solo pueden hablar los afectados. Y el feminismo, según ciertas corrientes, les pertenece a las mujeres, por lo que «es imposible discutir si uno de los bandos tiene razón por definición”.

Por eso creo que el autor de este nuevo ensayo de MSur libros ha sido valiente al lanzarse a escribir sobre temas y conceptos tan controvertidos como la aceptación o no del uso del velo por una cuestión cultural y conciliadora, cuando en muchos casos lo que se pretende no es tal integración, sino una convivencia distante; la transexualidad como « “solución” oficial para el “problema” de la homosexualidad» y la multiplicación infinita de identidades que terminan también diferenciando y distanciándonos; la rentabilidad del victimismo; el cansino mito del privilegio («toda persona de piel blanca forma parte automáticamente de los privilegiados. […] Porque hay “privilegios inherentes, con ellos oprimes aunque no quieras” »); la prostitución; la maternidad subrogada…; temas en los que más de una vez hasta los más conspicuos izquierdistas patinan y se contradicen. Baste con recordar la referencia a cierto crimen pasional cantado por la simbólica Joan Báez. ¿Cómo es posible que aquello pasara desapercibido?

Por supuesto el autor no se limita a expresar su propia opinión sin estudiar a conciencia el asunto, desde escuchar a los gurús de la autoayuda que justifican el orden patriarcal en reacciones bioquímicas inevitables (así Jordan Peterson) pasando por reconocidos antropólogos como Lévi-Strauss o historiadores que nos explican la unión inseparable entre racismo y patriarcado desde la Prehistoria. Y todo ello con la fina ironía que caracteriza a su autor, un humor negro solo apto para ciertas inteligencias, de manera que, aun tratando asuntos serios y metiéndose en bastantes charcos de mayor o menor profundidad, la lectura se hace agradable. A ello también contribuye la cuidada estructura, con capítulos amplios subdivididos en epígrafes breves donde caben anécdotas y alguna que otra frase que rompe la solemnidad e incluso rotundidad (léase también un tono agresivo de vez en cuando) con que suele hablarse de patriarcado, machismos y micromachismos y en general de ideologías, achacando a unas todos los defectos y a otras la solución a la lacra del hombre de género masculino buscando, como en los harenes islámicos o los colegios católicos, la segregación. Como si a estas alturas del siglo xxi fuera imposible una sana convivencia.

Me queda claro, si es que el ensayo consigue arrojar luz sobre temas en los que mucho me temo que jamás se llegará a ningún acuerdo por cierta tozudez mental que se prefiere renombrar como integridad, que hay que andarse con pies de plomo, y que seguramente este libro resulte bastante molesto. No voy a remitirme al refrán de los ajos y los picores porque no hay antihistamínico para tanta roncha y porque prefiero quedarme pensando en una verdad que ni los constructores de relatos más posmodernos pueden negar. Que, como recuerda Topper en su breve y sentido epílogo, la esperanza a todo este laberinto desnortado viene del sur, de esos pueblos en los que verdaderamente la vida de la mujer se considera inferior y está en constante peligro, sin poder ejercer la libertad.

Esa danza alrededor de una hoguera en Teherán es la que me ha hipnotizado. Un golpe a la conciencia para no distraerme de nomenclaturas abstrusas ni odios camuflados.

El sexo según la izquierda. Cuando el feminismo perdió el norte (MSur Libros, 2025) | Ilya U. Topper | 308 páginas | 18,95 euros

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