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Un lápiz en el bolsillo

JOSÉ MARÍA FERNÁNDEZ VÁZQUEZ | Leímos hace tiempo una entrevista o conferencia de Paul Auster, y no recordamos dónde, que afirmaba que siempre llevaba un lápiz en el bolsillo (muy americano lo del lápiz) porque siendo niño tuvo la oportunidad de conocer a una estrella del beisbol especialmente querida para él. El jugador estaba dispuesto a firmarle un autógrafo, pero ni él, ni el jugador, ni su padre, ni nadie cercano llevaba un lápiz con lo cual se quedó sin esa firma tan ansiada. Y esa frustración le hizo, desde entonces, llevar un lápiz siempre consigo y terminó utilizándolo para escribir. Más o menos así es la historia que recordamos haber leído, pero con seguridad puedo afirmar que en la historia se encontraban un jugador de beisbol y Paul Auster y… que no había lápiz.

Pues al autor de este libro, La conciencia mejor de Raúl Fernández Sánchez-Alarcos, le ocurre algo parecido. No sé si le gusta el beisbol, pero siempre va con un lápiz, o un bolígrafo o una pluma, en el bolsillo y lo utiliza para escribir infinidad de cosas que guarda, tira, ordena, compone, recompone y terminan saliendo en un libro que sin duda resultará extraño a sus lectores, pero no por eso se muestra menos interesante. Este volumen publicado en la editorial granadina de Alhulia es un libro misceláneo en su más amplio sentido. Una amalgama de textos diferentes y otros elementos configuran el volumen.

Al leer las palabras que sirven de proemio al libro, el prologuista utiliza, con acierto, la palabra extravagante. Y sin lugar a duda acierta en la apreciación de la obra que tenemos entre manos. Sin embargo, más que extravagante el libro, entendido según la RAE «que se hace o dice fuera del orden o común modo de obrar», nos atreveríamos a decir que el autor es un vagante que es aquella persona que vaga o anda suelto y libre y sin duda Raúl Fernández ha sido un vagante a la hora de componer su libro, pues ha decidido prescindir de los cánones literarios habituales.

Las útiles pestañas de los libros en muchas ocasiones se convierten en puerta a la compresión textual, aunque como ocurre con las introducciones críticas, la mayor parte de las veces son rechazadas o ignoradas por los lectores al uso. Sin embargo, en esta ocasión nos ofrece dos datos interesantes. El primer de ello es que Raúl Fernández Sánchez-Alarcos es profesor de literatura española en la Universidad Pablo de Olavide con lo cual el conocimiento literario se presupone como ponía en las olvidadas cartillas militares obligatorias: “el valor se presupone”. El segundo dato es que nos encontramos ante su primera incursión en la creación literaria. Y no podemos olvidar que todo escritor ha sido antes lector y que todo publicista, según la RAE persona que escribe para el público, escribe porque le gusta leer diferente. Y sin duda La conciencia mejor es un volumen donde lo diferente tiene un peso específico.

Si nos fijamos bien la entradilla no delimita un género, aunque la colección sea de narrativa. Habla de creación. Y en este sentido Raúl Fernández ha puesto una carga detonadora en los bajos de la división genérica. El lector va a ir leyendo un texto ordenado, que no es sinónimo de sistemático en la estructura narrativa. La lectura del libro nos lleva por las historias de sus personajes que no conviven en el mismo tiempo, ni el mismo espacio como Salvador Parra, el soldado Cojeces, Domingo de Cabra, el propio autor en un juego autoficcional; pero que conforman un todo unitario cuyo sentido está en la misma lectura del libro. Y el lector avanza por las páginas del texto hasta que se encuentra con un dibujo realizado por el escritor, y no es ninguna paradoja, son varios los dibujos elaborados por Raúl Fernández que pueblan el libro y aumenta su capacidad significativa. Y al volver una página nos topamos con una partitura compuesta por el escritor, y tampoco es una paradoja para llegar a un sainete teatral que rompe con la estructura narrativa o podemos leer un poema más o menos finalizado en su concepción poética. Nos encontramos con un artista que busca la globalidad en su obra con la pintura, la música, la poesía en cierto modo evoca a los humanistas del Siglo de Oro y en este sentido Raúl Fernández se acerca a las varias artes, pero ignorando las armas.

Pero continuamos leyendo y las historias, los paréntesis artísticos, se van a entremezclar con opiniones sobre literatura y sus autores como ocurre con la obra de teatro de Carlos Arniches La señorita de Trevélez o con algún comentario sobre el compositor de El puente sobre el río Kwai que se va a entreverar con Ortega y Gasset o José Ángel Valente, rastreando al tiempo a Zappa o el jazz de McLaughin o Duke Ellington. El libro se convierte, página a página, en una crónica sentimental del autor que no duda en jugar con Cervantes y sus autocitaciones (hoy hablamos de autoficcionalidad) y se incluye en el propio texto: «El autor de La conciencia mejor demuestra una gran impericia para novelar y escribir. De ahí que se limite solo a perfilar esbozos de historias ensayando una especie de escritura fragmentada» y en otra referencia irónica habla de «la verborrea del escritor».

Sin embargo, este texto lo podríamos calificar de excéntrico o estrafalario; pero sin duda estamos ante un texto original. Es una obra que podemos calificar de postmoderna, en tanto que rompe con la modernidad, o incluso neobarroca si apreciamos todos los elementos que recargan el contenido del texto que atrapa por su extravagancia y su ironía o sátira. De hecho, el autor aparece en varias ocasiones con un sentido irónico evidente y se puede apreciar en la siguiente cita: «En defecto del autor de La conciencia mejor, justo es reconocer que, al menos no declara en sus escritos la muerte de la novela». Fragmento este curioso, pues la tercera persona se confunde significativamente con la primera. Y en cualquier caso, esta va a ser una de las características del libro: el juego textual, el juego lingüístico y el manejo de la lengua que en el caso de Raúl Fernández se realiza de forma exacta y precisa buscando los efectos embellecedores de esta.

Uno de los capítulos del libro se titula «Sublimes excentricidades”. El texto se estructura en pequeños capítulos que no son necesariamente correlativo en la tenue línea de la anécdota literaria. En este capítulo se alaba lo sublime en lo cotidiano como forma de arte y de vida. Así concluye: «Buscar lo sublime y lo excéntrico en las manifestaciones cotidianas de la vida es buscar en rigor lo propio y lo natural de la vida. Buscar lo sublime y excéntrico en las manifestaciones artísticas es buscar en rigor lo propio y natural del arte». Así pues, se concluye que el libro es una búsqueda que el artista tiene que buscar de manera rigurosa, es decir con precisión y exactitud. El autor investiga en lo maravilloso de la vida y del arte que es lo que nos conforma como seres humanos, en especial el humor y la ironía como elementos esenciales de la vida. Y como el propio autor indica «la sublime excentricidad, siempre acechante, puede salir a nuestro encuentro cuando menos se espera». De eso va el texto, de captar lo excéntrico.

Ya les dijimos al principio que Raúl Fernández también marcha con un lápiz en el bolsillo.

La conciencia mejor (Alhulia, Crisálida Narrativa, 2026) | Raúl Fernández Sánchez-Alarcos | 196 páginas | 16 euros

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