
JUAN CARLOS SIERRA | Cuando uno lee el título del libro de Manuel Rico que nos va a ocupar en esta reseña, Qué es la poesía, lo primero que se le viene a la cabeza sin siquiera haberlo abierto es la rima XXI de Gustavo Adolfo Bécquer, aquello de “¿Qué es poesía?, dices mientras clavas/ en mi pupila tu pupila azul/ ¿Qué es poesía? ¿Y tú me lo preguntas?/ Poesía…eres tú”-. Clavada la mirada, pues, más que en la pupila de nadie, en el infinito reflexivo al que señala esta pregunta, nos asalta la duda de si realmente se puede ofrecer una respuesta objetiva, cerrada, científica -digamos- y, por consiguiente, si no resultará infructuosa la tarea en la que se ha embarcado el autor de Qué es la poesía. Cuando se abre el libro, en su pórtico, uno se encuentra efectivamente con la susodicha rima de Bécquer precedida por una cita de T.S. Eliot que parece apuntar hacia las preocupaciones esenciales de Manuel Rico respecto al reto que supone escribir una obra sobre las esencias poéticas; a saber: la definición de qué es eso de la poesía y la calidad o no de su concreción en el poema, tareas ambas esenciales para ejercer honestamente la crítica literaria y lírica.
Entonces, uno se pone a la lectura de Qué es la poesía y, una vez finalizado el libro, constata, en primer lugar, que el tú de la respuesta becqueriana sobrepasa a la segunda persona del femenino que generalmente interpretan nuestros usos y costumbres poéticos; que hay casi tantas interpretaciones como poetas en el mundo son y han sido; que, además, en este asunto no hay respuestas fáciles, porque todo depende del lugar desde donde se mire o se escriba la poesía; y, finalmente, a modo de conclusión, que este tema no está resuelto, por supuesto, y quizá nunca se pueda resolver con una respuesta objetiva, cerrada, científica -digamos-, porque es tan rico y complejo el hecho poético que difícilmente va a encajar en nuestra mentalidad burguesa/capitalista -utilitarista, materialista, pragmática,…-. De modo que siguen quedando en el aire las preguntas. Y es que la poesía se asemeja a lo que la Amada decía en el Cántico Espiritual de San Juan de la Cruz; la poesía sería también “un no sé qué que queda(n) balbuciendo”. Por eso, curiosamente el libro de Manuel Rico no puede acabar más que con un capítulo titulado ‘Cinco preguntas, una conclusión y una receta final para poetas (la humildad)’.
Así las cosas, podríamos pensar que estamos ante un ensayo fallido que no cubre las expectativas creadas por su título. Pero nada más lejos de la realidad. Si partimos de lo que, bajo la sombra protectora de Eliot, propone Manuel Rico para los críticos literarios dedicados a la poesía -desarrollado en el capítulo penúltimo titulado ‘La crítica y la poesía: un apunte’-, probablemente la razón de ser de la crítica, en concreto de esta reseña en relación a Qué es la poesía, no haya que buscarla tanto en su hermenéutica, es decir, en la explicación de sus vericuetos conceptuales, sino más bien en la cocina de su escritura, en su eficacia (o no) como artefacto literario -ensayístico en el caso que nos ocupa-. Así que habría que dar respuesta a partir de aquí, parafraseando a Eliot, a qué es un ensayo -quizá sea demasiado para las dimensiones de una reseña como esta- y, sobre todo, a si la concreción que nos ocupa, Qué es la poesía, es un buen ensayo.
En este sentido, afirmo rotundamente que sí. Qué es la poesía se puede considerar sin duda un buen ensayo, en concreto un buen ensayo divulgativo, objetivo confeso este de la divulgación subrayado por Manuel Rico desde las primeras páginas del libro. Sin marginar el rigor, como acostumbran a hacer muchos autores dentro de los parámetros de la divulgación, Rico dota a su texto de una extensión ajustada, de una estructura clara y de una prosa transparente y ágil a la hora de exponer los conceptos que le preocupan, por complejos que estos puedan parecer a priori. Además, se deben añadir algunos condimentos previos que resultan esenciales para la efectividad de este objetivo divulgador. Me refiero fundamentalmente al conocimiento profundo del asunto que se trata en este ensayo. Por un lado, nos encontramos con un autor que por su condición de lector atento de poesía y sobre la poesía conoce bien el recorrido histórico del hecho poético, especialmente en español; por otro lado, está su faceta como creador, es decir, su experiencia y su trayectoria como poeta, sin desdeñar, por supuesto, su condición de crítico literario centrado esencialmente en la poesía. Son estos dos (o tres9 aspectos particulares de Manuel Rico condiciones fundamentales para acercarse solventemente a la poesía y para escribir con garantías un ensayo como Qué es la poesía.
Este currículum le permite a Manuel Rico, a pesar de las ambigüedades, de las dudas, de los titubeos, proponer algunas certidumbres como, por ejemplo, qué no se puede considerar poesía, porque a veces es más fácil y útil definir en negativo. Y no es poesía, siguiendo a Martín Rodríguez-Gaona, a la propia intuición de Manuel Rico y según la terminología de Juan Carlos Abril, la ‘subpoesía’, eso que también se conoce como instapoesía, esa presunta poesía del ciberespacio, un engendro pretendidamente versado que peca de servilismo mercantil, bulimia de likes y, lo peor de todo, simplismo -ojalá solo se tratara de poesía sencilla-. Porque para escribir poesía, segunda conclusión de Rico pero en este caso en positivo, hay que conocer y ser partícipe de una tradición, aunque sea para saltársela, como sucede en tantas facetas de las artes -recordemos el caso paradigmático de Picasso-. Resulta curioso, en este sentido, el fenómeno compositivo que se produce en poesía, amparado probablemente por prejuicios románticos: cualquiera que sienta que tiene algo profundo que decir se pone a escribir versos que unas veces riman y otras no -o, para ser más exactos, en prosa recortada-, pero no le da por acercarse a un piano porque tiene plena consciencia de que ni siquiera sabe lo que es una semicorchea
Y llegamos así a otra de las certezas que aporta Qué es poesía, una verdad que paradójicamente sostiene todas las preguntas que quedan en el aire tras la lectura del libro. Como escribió en la rima IV Gustavo Adolfo Bécquer, nuestro poeta romántico esencial, -otra vez Bécquer-: “Podrá no haber poetas; pero siempre / habrá poesía”. Podríamos afirmar que algo parecido a estos dos versos, leitmotiv del poema citado, se extiende como tesis central y como conclusión de Qué es la poesía. Efectivamente, la poesía habita más allá de la forma en que se escriba, sin desdeñar por ello sus aspectos técnicos; es posible hallarla en ámbitos incluso insospechados de la vida cotidiana e incluso está presente en otros géneros literarios diferentes al lírico. La labor del poeta es captarla, o que esta lo atrape a él, y darle forma. A partir de aquí, la poesía nos seguirá dejando balbuciendo, porque es “solo explicable por aproximación” (página 67).
Qué es la poesía (Sílex, 2025) | Manuel Rico | 67 páginas | 10 euros