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Un poco más allá de la mitad

JUAN CARLOS SIERRA | He de empezar advirtiendo del sentido del título de esta reseña, para lo cual he de confesar algo que entiendo que no es muy habitual en este mundillo de la crítica literaria (¿o sí?): aún no he terminado de leer Sevilla. Biografía de la ciudad dorada, de la autora sevillana Eva Díaz Pérez.

No es que me haya quedado ‘cucu’ por un golpe en la cabeza con la antigua Espasa. Tampoco me considero un outsider de la cosa crítica ni voy de verso suelto. Nada de eso. Sé que lo canónico -es decir, lo que he hecho hasta que me ha dado esta ventolera in medias res- es escribir sobre un libro una vez leído -incluso releído-, por aquello de la visión holística, de  su organicidad,… y sobre todo por aquello de la honestidad. Pero he pensado -también honestamente- que de la misma manera que no resulta extraño en nuestra vida cotidiana hablar con quien uno tiene más a mano acerca de los libros que está leyendo, mientras que los está leyendo, unas veces para contagiar entusiasmo y otras para prevenir de los peligros de la mala literatura, por qué no podría hacerse lo mismo en el ámbito de la crítica literaria. Sea como sea, creo conveniente advertir de este asunto desde un principio para que nadie se llame a engaño y para que cada uno pueda decidir a tiempo si le merece la pena seguir leyendo los párrafos que siguen.

Así las cosas, empecemos con Sevilla. Biografía de la ciudad dorada, más o menos hacia o hasta la página trescientos veintipico.

Quien conozca un poco la trayectoria literaria de Eva Díaz Pérez, estará de acuerdo conmigo en que este libro era inevitable. Sevilla ha sido un lugar recurrente por el que han paseado los personajes de algunas de sus novelas. De entre ellas, me vienen a la memoria a bote pronto dos de las primeras: Memoria de cenizas, aunque ambientada a partes iguales en el Monasterio de San Isidoro del Campo de Santiponce, e Hijos del mediodía, donde la ciudad comparte protagonismo con los escritores alrededor de la revista literaria Mediodía y su mundo cultural. Para la Eva Díaz Perez novelista Sevilla es algo más que un escenario o un decorado de sus tramas. Y esa relevancia narrativa en algún momento tendría que independizarse y saltar a un tomo exento. Ese momento es ahora y ese libro se llama Sevilla. Biografía de la ciudad dorada.

Hasta el punto de lectura en que me encuentro -atravieso las calles de Sevilla al lado de los viajeros románticos que la visitaron-, he de admitir como lector que la cantidad de información que aporta Eva Díaz Pérez a ratos apabulla, aun sin entrar en desarrollos profundos a propósito de muchos de los asuntos que se tratan en el libro. Me imagino, por tanto, que el material recopilado en bruto -y descartado- daría para dos o tres volúmenes. Detrás de este necesario trabajo de poda se intuyen, como es natural, muchas horas de curiosidad documentada, pero, sobre todo, una conciencia clara del papel que juega en el universo del ensayo un libro como el que nos ocupa. No deja de ser una virtud esa búsqueda de la esencialidad en favor del difícil arte de la divulgación histórica que busca, como es lógico, no espantar a un lector medio no especializado, al que me imagino que ha tenido en mente la autora durante el proceso de escritura.

Para no dejar escapar a ese lector tipo, Eva Díaz Pérez también ha debido tomar decisiones sobre el estilo, en concreto en relación a su prosa: ágil, fina, a ratos lírica, deliciosa en todo caso, marca registrada de una novelista curtida en miles de tramas e historias. Para muestra, un botón: “Cae una noche del siglo XVIII. ¿Cómo serían aquellas calles oscuras solo alumbradas por las velas de los retablos de ánimas? Poco a poco irá entrando la luz en estos mapas de sombras, pero aún se extiende la negrura en la Sevilla que se va despidiendo del siglo. Estamos en la calle Jamerdana, en el barrio de Santa Cruz. Aquí estuvo la casa de uno de los grandes heterodoxos de la historia de la ciudad: José María Blanco White. Otro sevillano que acabó sus días en el exilio. Otra tumba lejana. Otro olvido de la ciudad con sus hijos ilustres”. He escogido este fragmento de la página 292 como podría haber elegido uno de tantos para ilustrar lo que digo, porque hasta donde llevo leído, no paran de asaltarme párrafos como este. Es todo un espectáculo transitar por la prosa de Eva Díaz Pérez a lo largo de los diferentes capítulos de Sevilla. Biografía de la ciudad dorada.

También me he decantado por este fragmento para poner de manifiesto algo que considero muy valioso en relación a la perspectiva desde donde la escritora sevillana aborda a su personaje biografiado, es decir, a la ciudad de Sevilla -y a las almas que la han habitado a lo largo del tiempo-. Como a una persona querida, como a un amigo del alma, cuando el amor y la amistad son de verdad, a Sevilla también se le piden cuentas, se le subrayan sus contradicciones y sus injusticias -me temo lo peor cuando llegue al siglo XX y más concretamente a la Guerra Civil-. Estamos muy lejos de la hagiografía o del peloteo nostálgico, pues.

 Eva Díaz Pérez no es complaciente, por ejemplo, con la imagen más típica, tópica y sacralizada de la ciudad de Sevilla, como cuando escribe sobre la procesión de la Virgen de los Reyes el día 15 de agosto de un año cualquiera de lo que llevamos de década de los veinte en pleno siglo XXI: “…la modernidad es solo un disfraz, un juego, un entretenimiento, porque lo medieval sigue inoculado desde el momento en el que los devotos interpretan un rayo de luz en el rostro de una imagen como demostración de la trascendencia de lo divino. La obsesión por las fotos convierte la procesión en una sucesión de Vírgenes de ojos vacíos…”. Tampoco deja pasar la ocasión de subrayar los errores de la Sevilla más recalcitrante, como cuando a propósito del proceso abierto por la Inquisición a Pablo de Olavide, escribe a modo de conclusión: “…Sevilla será uno de los campos de batalla entre los defensores de un mundo estático e inmóvil como ideal de la nación y los que fueron conscientes de la decadencia del país y de la necesidad de reformas…”. A lo mejor algo de esto también asoma en esa procesión de la Virgen de los Reyes y en tantas otras.

Todo esto me lleva a pensar que esta biografía de Sevilla probablemente no será del gusto de los sevillanos profesionales, de esos que, independientemente de su extracción social, se dicen representantes de una cosa que ellos llaman sevillanía, algo que no se sabe muy bien qué es, pero que recuerda mucho a negarle el pan y la sal a Olavide o a ignorar dónde están los restos de un maravilloso heterodoxo sevillano como José María Blanco White.

En fin, podría quizá cerrar esta reseña con alguna que otra consideración más general a propósito de Sevilla. Biografía de la ciudad dorada, como que en la capital de Andalucía siempre ha hecho un calor del carajo en verano -que se lo digan, por ejemplo, a la pobre de Santa Teresa de Jesús-. Pero no olvidemos que aún no he terminado de leer el libro. Así que si me perdonan, voy a ello. Estoy deseando avanzar en su lectura, pero no tanto terminarlo.

Sevilla. Biografía de la ciudad dorada (La Esfera de los Libros, 2025) | Eva Díaz Pérez | 488 páginas | 29,90 euros

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