
ALEJANDRO LUQUE | Empecé la novela, lo confieso, con ciertas prevenciones. No porque tenga nada en contra de la literatura humorística, todo lo contrario: me parece un género tan exigente, que solo unos pocos elegidos dan verdaderamente la talla. Por el contrario, cuando veo a un autor mediocre intentando ensayar chistes sin gracia, lo que siento es un angustioso deseo de pedirle que no se fatigue y dedique sus energías a otras faenas más provechosas. ¿Sería este para mí desconocido Dario Ferrari uno de esos?
Lo cierto es que la resistencia me duró apenas un par de páginas, al cabo de las cuales estaba pasándomelo pipa con la metralleta de ocurrencias del autor. Porque sí, Ferrari empieza disparando una gracia tras otra por boca de su protagonista y da en el blanco repetidamente nada más empezar. Esto promete. El primer acierto, de hecho, es la voz de ese Marcello, perdedor de libro, estudiante mediocre, hijo de matrimonio separado, que mira de reojo su futuro escrito en el baretucho que atiende su padre mientras juega a alimentar su complejo de Peter Pan, como tantos otros, alargando su vida universitaria.
La mirada un tanto pánfila, y un tanto pícara también, de Marcello es perfecta para entrar en ese mundo de aulas y birretes que el escritor Dario Ferrari se dispone a hacer volar por los aires colocando en los cimientos de la institución varias cargas de dinamita hilarante. No se trata de vulgar ejercicio de antiintelectualismo, sino de algo mucho mejor: ese arte que llamamos sátira, capaz de mostrar todas las vergüenzas de algo o de alguien, a menudo, poniéndole delante un simple espejo. Y la universidad –la italiana, que inspira esta novela, pero también la española o cualquiera de las europeas, por no irnos más lejos– lo pone muy fácil, porque hace rato dejó de ser el templo del saber y la educación superior para el mañana para convertirse en una caricatura de sí misma, mezcla de máquina expendedora de títulos y campo de batalla de señoros y alguna que otra señora poseedores de egos inabarcables. O mejor copio esta reflexión de Marcello, que se explica mejor que yo:
La universidad es un mundo psicótico afectado por una grave carencia de percepción de la realidad, poblado por individuos con una fama extremadamente acotada (algunas microáreas de su microcampo de especialización), que operan en un sector marginal y absolutamente indigente como es la cultura, y que, pese a todo, se sienten estrellas de rock y tienen egos y comportamientos acordes con tal convicción…
El caso es que Marcello accede de puro milagro a una beca de doctorado, y el objeto de su trabajo, tutelado por un prestigioso catedrático llamado nada menos que Sacrosanti, no va a ser otro que Tito Sella, extraño escritor que en los años de plomo se vio involucrado en actividades terroristas que acabaron tirando a mal. Se abre entonces una segunda parte de la novela muy diferente a la primera: el tono jocoso queda atemperado, y el relato de la peripecia de Sella y los suyos desplaza tanto el protagonismo de Marcello que casi alienta la sospecha de una nouvelle precedente incrustada en esta nueva obra, ejercicio legítimo pero expuesto, como en los trasplantes de órganos, al rechazo del organismo principal.
Para este lector, esta parte supuso una considerable caída del interés, por más que el camino que llevó a Tito Sella a la prisión y la muerte esté trabajado con convicción. Simplemente, carece de la chispa de la primera, y no vemos la hora de que Marcello regrese al primer plano de la historia. Por suerte lo hace, ligeramente decaído. Pero ahí es donde el autor, como los jugadores que se proponen dar la vuelta a un marcador adverso en los últimos minutos del partido (y en este caso por culpa de algunos autogoles), da lo mejor de sí para redondear la faena, culminar un buen desenlace y elevar lo que podía ser una coña marinera al nivel de un relato trascendente y emocionante. No sé si Se acabó el recreo acabará siendo estudiado en las universidades, pero desde luego debería ser leída. Empezando por los Sacrosantis de aquí y allá, para dar ejemplo.
Se acabó el recreo (Libros del Asteroide, 2025) | Dario Ferrari | Traducción de Carlos Gumpert | 400 páginas | 24.95 euros
Opino exactamente lo mismo. Una novela divertida y bien escrita que flaquea en la parte de Tito Sella, que es un bloque de texto demasiado extenso que no alterna con la trama de la universidad, que es la parte que cautiva de verdad.
Un saludo.