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De formación y deformación

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JUAN CARLOS SIERRA | La novela -¿novela?- de Valentín Roma (Ripollet, 1970) Retrato del futbolista adolescente se podría definir de entrada como una obra inabarcable, al menos para las dimensiones recomendables de una reseña al uso. Desentrañarla como se merece, diseccionarla en condiciones o analizarla en toda su extensión y complejidad nos exigiría un estudio de al menos unas decenas de páginas. Así pues, para no cansar al lector y al mismo tiempo para que corran de su cuenta los descubrimientos y los disfrutes, me limitaré a destacar aquí lo más sobresaliente o, quizá, lo más obvio.

En ese terreno de la obviedad o de lo supuestamente evidente no entra, como se ha apuntado al principio, la categorización exacta de esta obra como novela. Nos hallamos en el resbaladizo territorio de lo que viene llamándose autoficción, sea eso lo que sea; más concretamente en una autobiografía cargada de sinceridad, de honestidad, que evita caer en ese pecado mortal de muchos relatos de este tipo que consiste en que el protagonista y supuesto autor el autor –o viceversa- salga bien guapo en la foto, como si el infierno, en palabras de Jean-Paul Sartre, fueran siempre y exclusivamente los otros. Porque es evidente, primero, que cada uno tiene lo suyo y, segundo, que quien se aventura en este género narrativo ha de hacer un pacto con la verdad, con la vida vivida, que no siempre lo deja a uno en buen lugar.

Esta novela autoficcionada o esta autobiografía novelada la podemos encuadrar además dentro de la tradición de los relatos de formación. En el caso concreto que nos ocupa, el personaje principal cuenta su paso por una adolescencia turbulenta, como suele ser toda adolescencia, aderezada en esta ocasión por la condición del protagonista de promesa cierta del fútbol patrio. Esta circunstancia podría funcionar como anécdota curiosa sin más, pero va a resultar determinante en el desarrollo de la narración, es decir, en el trayecto del yo que se cuenta en primera persona. Esta actividad futbolística le reportará mensualmente al protagonista unos ingresos más que interesantes y, sobre todo, una nueva ubicación social privilegiada, prestigiada y admirada que servirá para el análisis narrativo de una serie de contradicciones esenciales en el trayecto vital de la trama. Por encima de todo esto o a causa del conjunto de estas circunstancias, surge el que puede considerarse leitmotiv de la narración que nos ocupa, la constatación del desclasamiento, que coloca al personaje principal en un territorio igual de resbaladizo que el género narrativo que ha elegido Valentín Roma para contar su historia.

Lejos de caer en la gravedad con que parece que hay que tratar estos asuntos más o menos trascendentales, el escritor catalán se adhiere a la máxima que asevera que el humor es una cosa muy seria o, mejor, que desde cierto sentido del humor se puede abordar con mayor solvencia y menos dramatismo aquello que nos inquieta de verdad. El tono que adquiere el relato en su conjunto no es exactamente el que conduce a la carcajada desternillante, aunque a veces me he sorprendido casi hipando de risa, sino el humor fino, la ironía casi imperceptible pero aguda y certera. Todo esto aliñado además con una prosa ágil, fluida, aunque no exenta de párrafos y sentencias sobre las que es imprescindible volver, no por su dificultad, sino por el shock que pueden provocar en el lector.

Finalmente, habría que apuntar al envoltorio de la obra que comentamos, a su otro gran protagonista, el mundo del fútbol. El relato que se hace en la novela de Valentín Roma sobre las interioridades de este deporte, especialmente de eso que antes se llamaba candorosamente ‘la cantera’, resulta cuando menos escalofriante. No recuerdo si se nombra explícitamente –creo que no-, pero está claro que el exfutbolista adolescente se refiere en su relato a los años de los inefables Jesús Gil, José Luis Núñez, Ramón Mendoza y compañía. Mucho me temo, en cualquier caso, que el trasvase de aquellos personajes y de sus circunstancias al presente no resultaría demasiado complicado. Sea como sea y cuando sea, se trata de un mundo aparte del mundo, de un universo que pone en suspenso lo más elemental en cuanto a normas sociales básicas de convivencia y donde a los adolescentes futbolistas se les malcría, se les consiente, pero al mismo tiempo se les explota vilmente. Para todos aquellos que tienen y sostienen en sus conversaciones de barra de bar o en su fuero interno una imagen mítica del fútbol con sus ideales más o menos caballerescos, su amor por los colores y por el escudo del tal o cual club, Retrato del futbolista adolescente puede resultar el mejor antídoto para salir de su ensoñación y aterrizar en las miserias selváticas que reinan en los vestuarios y en las canchas de fútbol.

Decía Eduardo Galeano que el fútbol es lo más importante de las cosas que no tienen importancia –o algo así-. Pues bien, no seré yo quien le lleve la contraria al escritor uruguayo, porque el fútbol es aquí lo más importante o, al menos, uno de los personajes más importantes en Retrato del futbolista adolescente para hablar de las cosas realmente importantes que Valentín Roma tenía que contarnos.

Echen a rodar la pelota y disfruten del espectáculo.

Retrato del futbolista adolescente (Periférica, 2019) | Valentín Roma | 208 páginas | 17 euros

admin

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