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Hay otros mundos, pero…

190129 Versus

EDUARDO CRUZ ACILLONA | Versus, el protagonista de esta novela de mismo nombre, es un náufrago que vive en una isla que mide diez metros de largo y cinco de ancho. Su paisaje interior se resume en una solitaria palmera en el centro, lo que remite a la clásica imagen de las viñetas que se dibujan sobre náufragos, Forges mediante. A priori, parece materialmente imposible sobrevivir por mucho tiempo en un escenario como ese, pero…

A Versus el mar le hace llegar comida. Y libros. Y hasta una muñeca hinchable… La comida y los libros le alimentan. La muñeca, en cambio… Él no concibe el sexo sin amor, por lo que acaba despiezándola y arrojando los trozos al mar salvo uno de sus dedos meñiques, quién sabe por qué.

A medida que avanza la lectura, todo son interrogantes. Se dice que el protagonista tiene “sesenta y pico años. Para decirlo con exactitud, cuarenta y ocho”. Recibe botellas con mensajes en árabe o en perfecto castellano: “tonto el que lo lea”. A su vez, él mismo arroja al mar cartas metidas en sobres que escribió hace mucho. Tiene tanto tiempo libre que un buen día se pone a hacer cálculos y a descubrir que en la isla las horas tienen 61 minutos. Acto seguido, “no sabiendo qué hacer, bailó un aurresku”. En otro episodio descubre que la palmera proyecta una elegante sombra y él, en cambio, no tiene la suya correspondiente, como si fuera un fantasma… Para completar el inquietante retrato, también se dice que la soledad del náufrago “es todopoderosa” y quizás ahí hayamos encontrado la respuesta a tanto interrogante.

Los microrrelatos que componen esta novela no son fotografías, o estampas como asegura el título. Más se asemejarían a pequeños vídeos grabados con cámara oculta. Es lo más parecido a ver a un animal en la jaula del zoo. Y a un animal, aún más, herido. Aunque si alejamos el foco de visión, seguramente estemos ante una gran metáfora de la soledad del individuo, y que la isla no sea tal sino una habitación rodeada de una sociedad esquiva por todas partes. De esa manera, la palmera se constituiría como el periscopio que le mantiene al náufrago en contacto con la realidad, a la espera de la llegada por el horizonte de un barco salvador.

De Versus se dice que se ha quedado fuera de la Historia, “y la vida sigue su camino igualmente, sin reparar en nada, falsificando hechos y vidas y vendiendo mentiras en nombre de la verdad”.

Ese juego con la soledad y con todos sus prismas y aristas se refuerza con el número de estampas o microrrelatos que conforman la novela: noventa y nueve. Exactamente las mismas que utilizó Raymond Queneau para contar una escena en sus célebres Ejercicios de estilo (Cátedra, 2006)

Porque, seguramente, estemos ante un elaborado y laborioso ejercicio de imaginación en el que, sobre el papel blanco de la soledad, el autor ha venido escribiendo y componiendo mensajes en una botella que, a modo de chalecos salvavidas, le mantienen a salvo de angustias y depresiones, de esas nubes negras que afean el alma y el paisaje y que remiten a la conclusión de que, como se cita en el libro refiriéndose a una canción del cantautor vasco Ruper Ordorika, “el cielo es un sucio mar”.

Demostrando en este Versus sobresalientes recursos narrativos, como aventajado alumno del Queneau que citábamos anteriormente, Karlos Linazasoro se confirma como ese escritor todoterreno que siempre ha sido (son más de cincuenta sus libros ya publicados), moviéndose con segura facilidad tanto por la narrativa breve como por la novela, el teatro, el aforismo, el cuento infantil o la poesía.

Si los manuales de uso son admisibles en una reseña, me atrevo a recomendar leer este libro de una sentada, en una habitación silenciosa y con las persianas bajadas, con el móvil desconectado y, esto ya es para nota, sin alimentos ni bebidas a su alcance. Con tan sólo una lámpara de pie encendida. A modo de salvadora palmera. Después, regresen al mundo exterior con total normalidad. Si pueden…

Versus (Estampas de un náufrago) (Jekyll & Jill, 2018) | Karlos Linazasoro | 112 pags. | 12,50€

 

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