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Odi et amo

JESÚS COTTA | La poesía es, entre otras cosas, una forma mucho más rica, elevada y potente de expresar con palabras lo vívida que ha sido nuestra experiencia de algo que no se deja expresar fácilmente con palabras. Por eso, la expresión de experiencias tan poco verbales como nuestras sensaciones, emociones y sentimientos (esa tríada que el poeta José Julio Cabanillas nos invita a distinguir) la prefiere a la narrativa y al ensayo, porque el poema es el mejor ámbito donde el creador puede aprovechar al máximo todas las posibilidades expresivas del lenguaje para comunicar qué sensaciones lo exaltan, qué emociones quiere transmitirnos con ellas y qué sentimiento de fondo lo acuna todo. La novela es ficción, y el ensayo es discurso, pero la poesía (al menos la de hoy, que es lírica) es el género donde el poeta menos se maquilla (y, por ende, donde más puede notarse que uno ha ido maquillado), donde la sinceridad es mejor recibida; el poeta puede ser un fingidor, pero el poema no puede parecer fingido; da igual si las experiencias que transmite ocurrieron o no: lo que cuenta ha nacido de su sensibilidad, que es lo más íntimo que tiene cada uno.

Pero es que en este libro que nos ocupa queda claro que el poeta no solo está hablando con la sensibilidad y el corazón roto en la mano, sino que nos está contando una experiencia real, y además con la herida aún fresca: solo si uno lo ha vivido en su propia carne es capaz de transmitir con perspectivas tan variadas y vívidas un asunto tan concreto y obsesivo como el naufragio personal tras una relación amorosa tóxica. Cada vez me gustan más los poetas que saben encontrar las perspectivas adecuadas: las cosas ya sabemos cuáles son, pero ¿cómo las vamos cantar?

La poesía además no solo rescata del olvido nuestras experiencias de lo bello o lo misterioso, sino que además redime del absurdo nuestras experiencias más traumáticas y así las transmuta en belleza; eso ha hecho Jesús Beades en este estupendo libro que parece escrito a fuerza de batacazos, frustraciones y sentimientos encontrados, transido de un dolor personal tan difícil de transmitir, por su complejidad y su carácter íntimo e intransferible. En ese sentido la poesía actúa como la oración: si rezar nos ayuda a sobrellevar el dolor o a encontrarle un sentido e incluso a sacar de él un gran bien, la poesía es capaz de sacar de una experiencia traumática y tóxica unos poemas hermosos que nos acaben purificando y reconciliando con el mundo. No solo el poeta rescata del olvido las experiencias, sino que también la poesía rescata de sus experiencias al poeta. Y Orden de alejamiento da fe de ello.

El poeta aquí no se calla nada; lo cuenta todo (al menos esa es la sensación que a mí me ha quedado). La poesía es la única manera elegante de desnudarse, y este libro es un buen ejemplo. Pero el riesgo de un libro tan sincero como este es lo expuesto que queda el autor, lo muy posible que es que haya echado perlas a los puercos, que nunca faltan, lo mucho que arriesga para el presente y para el futuro inmortalizando en el papel y en un libro premiado estas confesiones tan desgarradas. La poesía, como Dios, llueve sobre justos y pecadores, así que este libro escrito para conjurar el maldito recuerdo de un amor tóxico acaba siendo también un homenaje a la mujer que el poeta intenta olvidar, como el que Catulo sigue rindiendo a su inmortal Lesbia en sus poemas de desamor (Odi et amo…). No es la primera vez que la mejor obra de un poeta no la han inspirado las personas que más ama o los sucesos que más feliz lo han hecho, sino la persona que menos los merece o los sucesos que más lamenta o menos entiende o más necesita olvidar.

El gran mérito de este libro es cuádruple. El primero es abordar con pundonor personal unos asuntos turbios que otro poeta habría aireado sin pundonor alguno o con tufo a ratón de biblioteca vengativo, o se habría escorado a tonos más facilones, como el ajuste de cuentas, la rememoración sardónica, la autocompasión, la autoflagelación o el arrepentimiento insincero; aquí en cambio lo que hay es una exposición total del dolor personal, y solo por una razón: porque hay que gritarlo, aun sabiendo que no va a recibir por ello de nadie la bendición o el perdón; hay, pues, dignidad personal. El segundo mérito es la maestría poética con que cada tema es abordado: las frases bien resueltas, las enumeraciones, la irrupción brillante de las diferentes emociones… todo ello convierte cada poema en un canto vibrante. El tercero, como ya hemos apuntado al principio, es la variedad de enfoques y tonos con que aborda el mismo asunto: el anillo de ella que él encuentra, la petición de perdón a los camiones, el único deseo donde ella está perfectamente ausente… Y el cuarto mérito es la capacidad del poeta para tocar con versos inundados de la vida cotidiana lo misterioso de las cosas y lo inefable de las experiencias. Y todo ello escrito sin signos de puntuación (lo que le confiere un carácter de confesión espontánea), pero con métrica impecable y natural (lo que le confiere la discreta musicalidad que uno agradece en un poema).

El poema DESEO es uno de los pocos que actúa como contrapunto del mal amor que preside el libro, aunque no llega a la categoría de buen amor. Y hay poemas que, como DÍAS, se debaten entre un grito desgarrado y una exposición (brillante, eso sí) del desencanto existencial del hombre tecnológico posmoderno, y hay algún que otro final desmayado, como el de PREGUNTAS, que acaba convirtiendo en un ejercicio de preguntas retóricas unos versos que eran preguntas llenas de desesperación. Pero son excepciones en medio de poemas bien resueltos y variados, como es el caso de OLOR, 34, PENITENTE, NADA y muchos otros.

Por todo ello, enhorabuena, Jesús Beades, por este premio bien merecido y gracias por estos poemas que dicen de modo recio y fácil cosas delicadas y difíciles y provocan en quien los lee en voz alta un efecto catártico y liberador, como si uno mismo hubiera pasado por todo ese calvario y fuera soltando cruces a medida que va leyéndolos.

LEJOS

quiero decirlo bien yo te he querido

te quise como un loco la cordura

no fue nunca invitada a nuestra mesa

nos quisimos muy fuerte como un niño

aprieta bien la flor entre sus dedos

y la destroza sin querer y llora

te quise y aún te quiero de otro modo

te quiero mucho pero ya muy lejos

lo más lejos que el mundo nos permita

Orden de alejamiento (Visor, 2023) | Jesús Beades | 50páginas | 11,40 euros | Accésit XXXII Premio de Poesía Gil de Biedma

admin

2 comentarios

  1. Has hecho un gran comentario crítico Jesús.
    Estuve el miércoles pasado en el labradores y el acto me pareció grandioso por lo sencillo y por lo profundo.
    enhorabuena

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