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  Un hombre desvalido y solo

el-impetu-cruel-de-mi-destino VICTORIA LEÓNEn el actual panorama editorial, esta antología bien podría calificarse de revolucionaria tanto por su objeto (un clásico castellano que ni siquiera ocupa el primer plano del canon) como por su intención (una edición divulgativa orientada a un público amplio, que, sin embargo, no requiere adaptaciones pedagógicas de ningún tipo para acercarse a los poemas de un autor del siglo dieciséis). Pues ese es el espíritu de un trabajo que tiene muy presente que la única utilidad de la filología consiste en mantener los textos fieles a su tiempo y vivos en el nuestro; para lo cual es condición indispensable entenderlos y velar por su claridad: puntuar modernamente un poema áureo, por ejemplo, requiere haber hecho una lectura comprensiva solo al alcance de los buenos filólogos que, además, son buenos lectores capaces de iluminar en lugar de oscurecer un texto poético.  Y eso es lo que ha hecho Enrique Baltanás al ocuparse de esta edición que es a la vez la de un especialista y la de un excelente lector de la poesía del Siglo de Oro.

La vida de Aldana, nacido en Alcántara en 1537 y desaparecido en la batalla de Alcazarquivir (Marruecos) junto al mítico rey don Sebastián de Portugal en 1578, está rodeada de un misterio que es también uno de los grandes atractivos de su obra ambigua, escindida entre lo espiritual y lo sensual, entre lo intelectual y lo emotivo, entre la exaltación épica y la búsqueda de intimidad. Encarnación del ideal de las armas y las letras, educado en la Florencia del Quinientos y discípulo de Benedetto Varchi, con veinte años ya había conocido su primer hecho de armas nada menos que en la victoria de San Quintín. Y, hombre de confianza del duque de Alba y de don Juan de Austria, se ganó el respeto de los mismísimos monarcas Felipe II y Sebastián de Portugal, el mismo que selló prematuramente su destino.

Recogidas y editadas por su hermano Cosme, las poesías de Francisco de Aldana se imprimieron póstumamente y fueron elogiadas por Cervantes, Quevedo y Lope de Vega. Aunque, alejada del canon áureo más divulgado, su obra quedó en un relativo olvido. Cernuda lo reivindicó como “uno entre nuestros mayores poetas”, y no fue el único poeta del siglo XX que contribuyó a renovar el interés por este misterioso personaje cuyos versos han seguido ejerciendo magisterio en la mejor poesía contemporánea.

La edición destaca esa importancia, pero, sobre todo, pone de manifiesto su vigencia, así como la intemporalidad de la gran mayoría de los poemas recogidos, que se presentan en tres secciones temáticamente diferenciadas (“Del amor”, “De la vida militar” y “Desengaños y juicio”). Baltanás ha optado en todas por textos netamente líricos, dejando la fábula mitológica tan del gusto de la época y los poemas de interés estrictamente histórico o político a otro tipo de ediciones, y permitiendo que coexistan en sus páginas el Aldana más lúdico junto al más filosófico y espiritual.

La primera sección contiene un clásico de todas las antologías de poesía erótica como “¿Cuál es la causa, mi Damón, que estando…” entre otros geniales divertimentos. Los poemas de la segunda emplean la retórica petrarquista para exaltar el ejercicio de las armas en contraposición a la blandura y a las impurezas de la vida cortesana. En ellos destaca cómo el verso clásico de Aldana recrea con poderosa plasticidad el paisaje nebuloso de Flandes en “Respuesta a Cosme de Aldana, su hermano” y, desde luego, esa aparición de un caballo en medio de la noche de la “Carta a Galenio”, que hoy nos parece casi cinematográfica, y que pocos lectores serán capaces de olvidar. La última sección recoge poemas que poseen en común un mismo impulso de recogimiento y retiro y el anhelo de una vida pacífica y serena, dedicada a cultivar la amistad y el espíritu, en contraste con la más desgarradora desesperanza de ver cumplido ese deseo. Un conflicto que hallamos en el que para muchos es su gran poema, la célebre “Carta para Arias Montano”, confesión y autorretrato moral, quizá uno de los más tempranos de una larga tradición hispánica de autorretratos poéticos (“yo soy un hombre desvalido y solo […] / oficio militar profeso y hago / bajo condenación de mi ventura”). Aunque, sin duda, los versos más conmovedores de esta selección los hallamos en el soberbio soneto que da título a la antología, o en este terceto final de otro: “Cuanto en mí hallo es maldición que alcanza, / muerte que tarda, llanto inconsolable, / desdén del cielo, error de la ventura”.

El poeta soldado que exaltaba la gloria militar nos confiesa su cansancio y su necesidad de sosiego. Los lectores de hoy, al acercarnos a ellos, cansados de otras guerras y otras vidas, no podemos evitar sentirnos por un momento sus compañeros de armas.

El ímpetu cruel de mi destino (Renacimiento, 2018), de Francisco de Aldana | Edición de Enrique Baltanás | 120 páginas | 11,90 €

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