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Un gran desorden bajo el cielo

CubiertaJOSÉ MARTÍNEZ ROS | Tom McCarthy (Londres, 1969), el autor de Hombres en el espacio, es uno de los escritores más peculiares de la última literatura británica. Durante su juventud llevó una existencia bohemia y, en efecto, fue modelo en Praga, camarero en un pub de Berlín y trabajó en la cocina de un restaurante de Amsterdam. Poco a poco, se implicó en ambientes artísticos, y en 1999 fundó, junto a su amigo el filósofo Simon Critchley, la Necronautical Society, una organización de artistas de vanguardia centrados en el tema de la muerte que, a pesar de su autodeclarado carácter ficticio, ha realizado intervenciones en los principales museos de arte contemporáneo del mundo.

McCarthy debutó en la literatura en 2001 con Residuos (editado en España por Lengua de Trapo), una novela que fue unánimemente rechazada por las principales editoriales del Reino Unido y, finalmente, publicada por un pequeño sello francés especializado en arte. La novela fue señalada de inmediato por la crítica como una de las novelas más originales de su época, una combinación de Kafka y Hitchcock, y llegó a convertirse en un pequeño best-seller.

A continuación llegaría esta Hombres en el espacio, C, ambientada en las primeras décadas del siglo XX, aún sin traducir en ese momento, y luego Satin Island, publicada en España por Pálido Fuego, la misma editorial que nos ha traído la ahora sí publicación de Hombres en el espacio. Además, nos ha llegado uno de sus ensayos, Tintín y el secreto de la literatura (editada por El Tercer Nombre), en el que pasa a Hergé por el filtro de Derrida, Barthes, Freud y demás santones del pensamiento del siglo XX.

Nos situamos: Checoslovaquia a principios de los 90, cuando está a punto de dejar de existir, justo antes de la división entre la República Checa y Eslovaquia. El Muro ha caído. Reina un gran desorden. Uno de los grandes intelectuales de Europa, el dramaturgo Václav Havel ocupa la presidencia -como observa irónicamente uno de los personajes, cumpliendo el sueño del rey-filósofo de los escritos de Platón-.

En ese ambiente de inestabilidad, vamos conociendo a una serie de personajes que tienen en común, ante todo, su falta de raíces: artistas, inmigrantes y expatriados de Europa del Este, Estados Unidos y Gran Bretaña, entre ellos Nick, un aspirante a crítico de arte que se gana la vida sirviendo como modelo en la Facultad de Bellas Artes (un autorretrato irónico del propio autor). Hay también un policía especializado en escuchas telefónicas que no consigue adaptarse al nuevo régimen y un buen número de criminales, entre los que destacan unos mafiosos búlgaros que planean falsificar un valiosísimo icono.

Pero la gran protagonista es la propia Praga, una ciudad en transición en la que se borran las huellas de la época comunista, se celebran fiestas y exposiciones postmodernas y se traman intrigan siniestras. Mientras tanto, girando sobre el planeta, un astronauta soviético se encuentra atrapado: después de la disolución de la URSS, ninguna de las repúblicas que ocupan su territorio se quiere hacer cargo de su rescate….

Como en Residuos, sobre un firme esqueleto de thriller, en Hombres en el espacio, McCarthy ha construido una -magnífica- novela sobre el estado de constante inseguridad en el que vivimos en el mundo contemporáneo (inseguridad acerca de nuestros afectos, inseguridad sobre nuestro futuro). A lo que contribuye la elección del escenario: una centenaria capital europea durante la caída del régimen comunista, en un estado en plena desintegración. La mayoría de los personajes son jóvenes que más allá de los tumultuosos encuentros sexuales, de las drogas, el alcohol y la pobreza, están llenos de ambiciones, de deseos de trascendencia, aunque pronto adivinamos que, como sucederá a la mayoría de los habitantes del este de Europa, casi todos sus sueños terminarán frustrados.

Sin embargo, Hombres en el espacio es cualquier cosa excepto una novela grave y aburrida; se halla recorrida por secuencias surrealistas, diálogos estrambóticos, teorías sorprendentes, discursos obsesivos y un subterráneo sentido del humor. Y ante todo un minucioso talento para el detalle revelador, para la imagen insólita. Hombres en el espacio es una novela que requiere cierto esfuerzo, ya que no está organizada como una típica historia lineal, sino como una especie de mosaico en la que cada pieza está relacionada oblicuamente con las restantes.

Por definirlo de un modo comprensible para un lector español, sería algo así como una reescritura de La Colmena de Camilo José Cela –o más bien, Manhattan Transfer-, con una ambientación centroeuropea, en una nueva Era literaria liderada por Thomas Pynchon y Don DeLillo.

De todas las novelas que he leído en lo que llevamos de 2017, sin duda, es mi favorita.

Publicado en notodo.com

Hombres en el espacio (Pálido fuego, 2017), de Tom McCarthy | 242 páginas | 22,90 euros | Traducción de José Luis Amores

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