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Un loco gallego

Bailarás cometas bajo el marJOSÉ MANUEL LÓPEZ | A todos nos gusta Xoel López. Empezamos a admirarlo ya en sus inicios con Deluxe, en unos tiempos en los que no podíamos dejar de botar en los festivales al ritmo de su temazo Que no. Después lo seguimos admirando ya en solitario, con unos discos en los que encontrábamos la música de un artista que superaba con creces la etiqueta de cantautor, con una canciones que nadaban entre lo étnico, lo indie y el rock.  Por su especial sensibilidad, por lo currado de sus letras, nos olíamos que este tipo escribía poemas en la furgoneta que lo trasladaba de un concierto a otro. Pero ojo… escribir poesía no es lo mismo que escribir canciones. La soledad del libro, ya desprovisto de la seguridad de una guitarra y una armónica que te guarden las espaldas, puede ser acojonantemente difícil de batir. He ahí nuestros nervios, nuestra incertidumbre, cuando supimos de la existencia de Bailarás cometas bajo el mar, el primer libro de poesía del cantante gallego.
Y no defrauda. Porque los poemas de Xoel López son como sus canciones. Sencillos, de simbología clara y recurrente, machadianos quizás; nada pretenciosos, pero no por ello carentes de esa aspiración por querer expresar una realidad honda y oculta mediante un lenguaje austero pero pleno de hallazgos expresivos.  No pretende el de La Coruña crear una frontera inquebrantable entre lo oral y lo escrito, más bien parece tener un plan creativo global que aspira a transmitir la forma en que él percibe el mundo y a sí mismo, y no le importa la vía (canciones, poemas) que debe utilizar para expresarlo.
¿Sus temas? Ya los conocemos. Xoel López es un maldito domesticado, un bohemio al que la edad ha enseñado a buscar esos pequeños oasis del día a día que hacen que sus cuervos salgan huyendo, o, al menos, se escondan por un tiempo. Es un idealista, alguien que no cesa en su empeño por explorar este mundo de imperfecciones en busca de algún tipo de magia salvadora, como por ejemplo, el amor, que, en ocasiones, llega azaroso y casual (“Tropezar contigo”). La poesía es otra actividad maravillosa y redentora que lo aleja de la tediosa cotidianidad, lo que le lleva a gritar, a modo de lema reivindicativo versos como los que siguen:
 (…) Un poema cada noche
y sacudirse el polvo de la rutina”
(“Un poema cada noche”)
La tercera pata de la mesa, el siguiente calmante recetado para aliviar el inevitable spleen, es la naturaleza. A pesar de mostrar en sus versos un profundo amor a ciertas grandes urbes como Buenos Aires, Nueva York o Madrid, el poeta sabe que su auténtico “yo” está ligado a sus raíces rurales gallegas. Ahí está su esencia (quizás la del mundo) y su felicidad, y la canta sin pudor a la manera de los clásicos trovadores galaico-portugueses. En el bucolismo descrito se esconde cierto realismo mágico que nos recuerda a Cunqueiro, pero que culmina en una suerte de panteísmo nerudiano en el que el poeta aspira a fundirse con la naturaleza:
(…) Quiero ser hiedra.
Quiero ser claro.
Quiero ser campo y frío.
(“Cuadro de luz”)
 Tópicos aparte, la mayoría de los poemas del libro se construyen en forma conversacional, en torno a un “tú’”al que se dirige el poeta, en una especie de dialéctica que pretende encontrar ese sentido vital del que hablábamos antes. Los textos, por tanto, adquieren una estructura dialógica en los que el “yo” lírico conversa con su amada, la mayoría de las veces carnal, pero que, en ocasiones, puede convertirse en ciudad (“Santiago”). En otras ocasiones, el interlocutor es el propio lector, y el texto se torna en una epístola moral que pretende mostrarnos ciertas estrategias que nos permitan soportar el abyecto mundo que nos ha tocado habitar (“Semillas”). Sin embargo, y tras una segunda lectura del libro, rectifico. Y pienso que ese “tú” no es más que el propio poeta; y parece que estoy viendo a Xoel López hablando solo, acurrucado en el último asiento de esa vieja furgoneta que lo lleva al siguiente concierto. Como un loco. Como el que espera, citando de nuevo al autor de Soledades, hablar a Dios un día.
Bailarás cometas bajo el mar (Espasa, 2017), de Xoel López | 144 páginas | 13,90 euros

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